La Carpeta:
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Todos los años que lleva en campaña lo convirtieron en dueño de un partido político que maneja a su antojo sin importarle por supuesto la necesaria democratización, diálogo y negociación que debe haber al interior de esas organizaciones.
Carlos Chavarria
marzo 29, 2018, 8:38 am

El socialista López desconfía de la  sociedad civil porque, como buen hegeliano, sabe que la masas ni aprecian ni construyen conocimiento, y en sus 18 años en campaña, de hecho, ha abusado y usado la frustración social, tan natural a las masas, como su puntal para debilitar al sistema de vida nacional y poder así ofrecer sus consignas super simplificadas para cambiar el estado de cosas.

La sociedad civil no es el pueblo, la sociedad civil es aquel segmento de la población que no cree en sus postulados irracionales y, por eso, para tener completa su lógica dialéctica formula la contradicción de “no creer en la sociedad civil” , porque el “pueblo es sabio”.

En esa línea de razonamiento, ya tiene todo lo que necesita para gobernar. Por una parte tiene a la sociedad civil; en la que no confía; y utilizará mediante consultas  por aclamación al “pueblo que sí es  sabio” y así piensa conseguir presionar a todo el sistema de gobernanza, poniendo en oposición al “pueblo sabio”  contra el congreso y el poder judicial para conseguir todo el poder que en su mente loca requiere para lograr “pasar a la historia” como Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas.

En su mitología personal todo se vale y todo se puede, él cree que sabe y que la sociedad civil ni siquiera se imagina lo que se necesita para transformar a México. En su crónica mitológica personal, resulta que por haber sido pobre (¿?) se tardó 8 años en concluir la carrera que dice que estudio, cuando la lógica de la sociedad civil nos enseña que si eres “estudiambre” te apuras en los estudios para ponerte a jalar y dejar de mortificar a  tus cercanos.

Todos los años que lleva en campaña lo convirtieron en dueño de un partido político que maneja a su antojo sin importarle por supuesto la necesaria democratización, diálogo y negociación que debe haber al interior de esas organizaciones.

También a fuerza  de sus fracasos y exabruptos, es un experto en la operación de las técnicas de propaganda  de Goebbels y pretende, como lo hizo el propagandista hitleriano, dividir a la sociedad entre buenos o malos, donde los  buenos serán aquellos que voten por sus falsos  e inviables programas y propuestas, y malos,  todos aquellos que piensen diferente.

Traficar con la esperanza y ser emblemático de la mentira fue lo que permitió al PRI que educó a López, sobrevivir por 70 años. A ese  mismo régimen es al que ahora quiere regresarnos como si fuera la panacea.

Nunca como ahora la expresión “salto al vacío” había tenido tanto sentido para definir lo que representa este socialista como opción de gobierno, quien con gran habilidad ha logrado convencer a muchos buenos mexicanos de su falsa cruzada contra la corrupción, vicio de una sociedad que se ha convertido en el “lugar común” en el que se alimenta toda la diálectica del momento, pero con propuestas vacías, tanto  como lo es, la dudosa moralidad de sus correligionarios.

López no quiere ser presidente de México, él quiere todo el poder, para  que desde su posición sobre nosotros empezar a dictar la totalidad del sino de nuestra sociedad en todos los órdenes de la actividad.

Él quiere el poder por encima de leyes  e instituciones, las que para todo dictador no sino un obstáculo en sus afanes  de control social. Eso lo pone en el lado estalinista del socialismo con todas las implicaciones que de ello se derivan.

Que pronto olvidó a la “república amorosa” que antes había ofrecido. Muy de prisa se fue por el caño la “felicidad” que quería procurar a todos los mexicanos y atropelló su proyecto de “nueva constitución moral” con todos los personajes “cuyos pecados ha perdonado” por motivos electoreros.

Si los partidos políticos “purgaron” a todos esos nuevos salvadores de la patria no fue por su alta moralidad y ética en sus conductas.

López tuvo la oportunidad de luchar contra la corrupción cuando fue regente de la Cd. de México, pero no lo hizo debido a su connotado “pragmatismo político electoral”. Pudo hacer ejemplo de transparencia, pero no lo hizo. Pudo ser ejemplo de progreso y tolerancia, pero no lo hizo. Tuvo su oportunidad de pasar a la historia y no lo hizo, ahora sus intereses son del todo narcisistas y vindicativos.