La Carpeta:
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Los ciudadanos merecemos respeto de parte de los políticos, si es que los políticos aspiran a ser respetados.
Francisco Tijerina
junio 14, 2012, 9:20 am

Que una candidata a senadora, ex ministra y activa panista venga a hacer campaña con el único plus de su “florido” lenguaje o que un alcalde rete “a madrazos” a un procurador, nos hablan del tono y la forma de la política de nuestro tiempo.

Sí, Xóchitl Gálvez es muy simpática y se hizo famosa cuando se le salió una palabrota frente al presidente; de ahí para el real, todo el tiempo, todo el mundo, espera que de su boca aparezca una palabra altisonante para festejársela y hacer de ella “la nota”.

Ahora convertida en candidata a senadora por su estado, Hidalgo, vino a Nuevo León a reforzar campañas del PAN y le montaron actos y presentaciones en las que el tema central no fueron las propuestas, las ideas, los compromisos, sino las palabrotas, las leperadas, el chiste pelado y los insultos innecesarios.

Intento buscar en todas las declaraciones de doña Xóchitl una idea, un compromiso y no lo puedo ubicar y eso me preocupa. No me espanto con las palabrotas, las pronuncio con bastante frecuencia, pero no lo hago abiertamente y no reúno auditorios para emular las hazañas de Polo Polo.

Por otra parte, puedo entender la molestia del alcalde Mauricio Fernández por la retención e involucramiento de dos de sus policías en actos delictivos; mancharle la plana a Mauricio en ese punto en particular significa un verdadero agravio para el munícipe; comprensible el reclamo al gobernador y el llamado a que lo dejen de fastidiar, ¿pero de eso a retar a ver cuántos madrazos aguanta el Procurador para que acepte la culpabilidad de algo? Bastante claro el ejemplo, pero innecesario el tono, sobre todo por el cuidado que debemos tener de las instituciones y por muy folklórico que sea el presidente municipal de San Pedro, es necesario cuidar a la alcaldía.

La trivialización de la política y la desmitificación de los políticos es necesaria, pero como todo en la vida, con medida. Bordear por el camino de lo chistoso no es sencillo porque se pueden ganar risas y aplausos inmediatos, pero a la larga todas estas manifestaciones tienen un alto costo, para las personas y también para las instituciones.

Cuidado con el tono, porque de tanto azuzar, hay quienes no alcanzar a comprender que lo que está en juego es simplemente una sucesión, un puesto público y tanta gasolina cerca de la lumbre termina por incendiarse, como ocurrió recientemente en la gira de Peña Nieto cuando un grupo de jóvenes golpeó con las manos su camioneta cerrando el paso en un acto en el que por fortuna nada grave ocurrió.

Los ciudadanos merecemos respeto de parte de los políticos, si es que los políticos aspiran a ser respetados.