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Reitero, la diputada Varela tiene que comprender la Constitución y entender que la norma ya prevé lo que ocurre con los espectáculos taurinos al señalar “así como en otras actividades de acuerdo a su naturaleza, características…”.
Francisco Tijerina
octubre 15, 2018, 7:13 am

“De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos.” // Santiago Rusiñol i Prats

En el fondo, no importa tanto si la diputada Leticia Varela, integrante del Congreso de la Ciudad de México, está o no a favor de las corridas de toros. Lo que en realidad preocupa es la manera en que grupos animalistas se la chamaquearon la semana anterior y le entregaron un texto que sin ninguna revisión la legisladora leyó en la tribuna, repleto de mentiras que no soportan el mínimo análisis.

Varela, que ha desfilado del PRD a Movimiento Ciudadano y luego a Morena, partido por el cual hoy es diputada, hace unos días subió a la tribuna del Congreso capitalino “no a hacer un debate acerca de a quiénes les gusta o no la tauromaquia”, sino a dictar cátedra de, según sus fuentes “cómo se prepara un toro de lidia para salir al ruedo”.

Dando lectura a argumentos falsos que desde hace años grupos antitaurinos han publicado en internet, la legisladora pretendió convencer a sus compañeros legisladores para influir en ellos acerca de la propuesta de prohibir los festejos taurinos en la Ciudad de México.

Triste y vergonzante que una representante popular llegue a tan alta tribuna con argumentos llenos de falsedades. Y es que doña Lety dijo en un minuto 6 mentiras 6, como anuncian a los toros en las corridas.

Dijo que los bureles “les llenan los oídos de periódico mojado” (primera mentira y el día que guste, sin previo aviso, la invito a que revisemos juntos las orejas del toro que ella elija una vez que sus restos sean sacados del ruedo); luego, asómbrese, dijo que “les untan vaselina en los ojos para nublar la vista” (un toro que no ve es impredecible en su embestida y se torna en mil veces más peligroso); añadió que “les meten algodón en la nariz para que les cueste trabajo respirar”, pero no veo la manera en que se pueda lograr ese objetivo.

No conforme con lo anterior Varela siguió con su perorata y aseguró que a los toros de lidia les meten una aguja entre sus genitales y aquí me pregunto, ¿quién y cómo es capaz de realizar tal hazaña? ¿dónde y cómo lo consigue?

Si todavía no termina de asombrarse de las afirmaciones de la diputada, añada que sentenció: “les frotan una sustancia corrosiva en las piernas (sic, sic, sic) para que no pierdan el equilibrio y así evitar que se echen al piso por causa del dolor que sienten”.

Es la anterior la más increíble de las declaraciones de Lety, porque por principio los toros no tienen piernas y además porque habría que explicarle el significado de la palabra “corrosiva” ya que en caso de ser cierta su premisa lo que conseguiría sería el efecto contrario.

Finalmente, aseguró que “antes de salir a la arena los mantienen por varios días en un espacio estrecho, oscuro y frío”. Mentira como el resto de sus afirmaciones y debería antes de exponer en la tribuna por lo menos leer el Reglamento Taurino para enterarse de que ni son tan estrechos, ni tan oscuros, ni tan fríos y que los toros son separados en los toriles (así se llaman) sólo unas horas antes de la corrida.

La legisladora aseguró que su intención no era otra que convencer a sus compañeros de cumplir con lo que ordena la reciente Constitución Política de la Ciudad de México que en su Artículo 13, Inciso B, numeral 3, Letra "A", que a la letra señala: que la ley dictará “las medidas de protección de los animales en espectáculos públicos, así como en otras actividades, de acuerdo a su naturaleza, características y vínculos con la persona”.

Reitero, la diputada Varela tiene que comprender la Constitución y entender que la norma ya prevé lo que ocurre con los espectáculos taurinos al señalar “así como en otras actividades de acuerdo a su naturaleza, características…”.

Grave resulta que se pretenda legislar sin conocimiento de causa, sin una preparación mínima y una investigación exhaustiva de los temas que se discuten, en base a las filias y fobias personales basado sólo en las creencias y creyendo a pie juntillas cualquier cosa que aparece en Internet.

Ni los capitalinos, ni los mexicanos, merecemos diputados así.