La Carpeta:
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Dejémonos de cuentos, a arreglamos las cosas para que funcionen bien o de plano ciudadanizamos todo y que los burócratas dejen de recibir sus sueldos por no trabajar.
Francisco Tijerina
junio 20, 2012, 9:40 am

La moda hoy va en contra de lo que vivimos hace apenas unos cuantos años cuando se hablaba del servicio público de carrera, de aprovechar la experiencia de los servidores públicos en beneficio de la sociedad y de evitar al máximo el proceso de aprendizaje de cada trienio o sexenio, con funcionarios que permanecieran en la estructura sin alineaciones partidistas.

Pareciera que los mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y contralorías no sirven para un carajo, por lo que habría que empezar a pensar en la posibilidad de desaparecerlos del mapa y ahorrar así al erario una buena cantidad de dinero en sueldos, salarios, prestaciones, oficinas y demás, porque a cada paso, cada candidato, de cada partido, está ofreciendo que los ciudadanos simples y comunes tomen parte activa –pero honoraria- en el gobierno.

¿Para que designar funcionarios y pagar sueldos si quienes van a encargarse de los principales asuntos serán comités ciudadanos?

No hemos aprendido la lección, está visto que los experimentos de este tipo de estructuras, así como el dar cargos públicos a simples ciudadanos, no han funcionado y los platos rotos los terminamos pagando nosotros, pero insisten y ahí siguen al pie del cañón, ofreciéndonos que ilustres personalidades se hagan cargo del trabajo por el cual un montón de empleados devengan un sueldo que les pagamos nosotros. ¿Hasta cuándo?

Hasta hace poco tiempo existía confianza en los servidores públicos, aunque siempre se ha dado la duda de su gestión y los misteriosos enriquecimientos bastante explicables a su paso por los diferentes cargos; no han sido pocos los políticos que han ido a parar a la cárcel por sus fechorías, lo que ha mantenido en un nivel aceptable la confianza ciudadana en las instituciones, pero pareciera que hoy esto no basta y hay que “empoderar” al ciudadano bajo una extraña óptica: pasarle la chamba completa.

¿No sería más sencillo que quitarnos de problemas y ver la capacidad de convocatoria de un alcalde, por citar un ejemplo, y que nos entregase sus listas de comités y únicamente votar por él en función de este equipo de trabajo? ¿Cuánto nos ahorraríamos en funcionarios directos y en otros tantos dedicados a la revisión y transparencia, en regidores y síndicos?

Los votantes elegimos a una planilla que tiene una responsabilidad específica, ¿por qué de entrada dudamos y tenemos que tener el aval de un comité? ¿Para qué los elegimos entonces si desconfiamos de ellos?

Lo más grave del caso es que los simples mortales llegan a esos comités a darse cuenta de algo que es más que obvio: los toros no son iguales desde la barrera y con todo y sus buenas intenciones se topan con pared al enfrentarse a la realidad de un sistema que es perfectible, pero que tiene demasiadas aristas como para arreglarlo de golpe.

Que los funcionarios públicos cumplan con su función y que las dependencias encargadas de darnos confianza hagan lo propio sería lo ideal, mientras que los ciudadanos vemos, analizamos y expresamos nuestro apoyo o repudio mediante las vías comunes y a través de la más importante: el voto.

Dejémonos de cuentos, a arreglamos las cosas para que funcionen bien o de plano ciudadanizamos todo y que los burócratas dejen de recibir sus sueldos por no trabajar.