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El descubrimiento de un manuscrito de don Luis de Góngora y Argote (1561-1627) en los acervos del Archivo Histórico Nacional de España es una noticia que me ha llenado de emoción.
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junio 6, 2012, 8:25 am
Libros y Otras Cosas

Por David Huerta

El Universal

El descubrimiento de un manuscrito de don Luis de Góngora y Argote (1561-1627) en los acervos del Archivo Histórico Nacional de España es una noticia que me ha llenado de emoción.

En primer lugar, por la sensación de establecer, a través de los siglos, una especie de tenue contacto con el genial poeta de las “Soledades”, aunque más no sea que por medio de las imágenes fotográficas de ese documento, reproducidas en las planas de los periódicos; en segundo lugar, por la personalidad de quien hizo el hallazgo: la investigadora Amelia de Paz, una de las estudiosas de la literatura más laboriosas y lúcidas que me ha tocado conocer.

Amelia de Paz posee una inteligencia de primer orden; su talento está hecho de erudición, buena pluma, seriedad a toda prueba, conciencia histórica, una sensibilidad agudísima y una discreción ejemplar. En los últimos años, pocos textos me han dado tanto placer como la breve conferencia dictada por Amelia de Paz sobre Quevedo en 2010; verdadera crítica literaria, no la impostura que pasa por tal entre nosotros. Una indudable originalidad de pensamiento y una escritura de enorme calidad.

En tercer término, me emociona el hallazgo por el ensanchamiento que esto significa para el conocimiento de la literatura de los siglos de oro y de sus contextos.

Podría seguir exponiendo las razones de mi emoción ante el descubrimiento del manuscrito gongorino. Solamente quiero añadir esto: los mexicanos presumimos mucho de nuestra poesía pero apenas la leemos, lo cual es una vergüenza que nadie tendría el valor de reconocer. Es el caso de sor Juana Inés de la Cruz, tan admirada sobre todo porque su efigie en los billetes de 200 pesos la ha convertido en un “extraño objeto del deseo”. Todo lo que tenga que ver con sor Juana tiene que ver, también, simultáneamente, con Góngora. Se nos puede olvidar; pero a sor Juana no se le olvidaba.

El documento descubierto consiste en cinco hojas autógrafas, escritas por las dos caras. Los cables de las agencias noticiosas explican que se trata del resultado escrito de una pesquisa en torno a la conducta anómala de cierto inquisidor, conocido de Góngora y aun, en alguna temporada, su amigo. El poeta denuncia ante el Santo Oficio la “mala vida” de ese inquisidor: su amancebamiento, por más señas. He destacado la palabra “escrito” porque muchas denuncias ante la Inquisición se hacían verbalmente. Góngora, dice Amelia de Paz, llevó al inquisidor a su propio terreno, “el de la lengua escrita”.

El descubrimiento -explica Joaquín Roses- fue mantenido en secreto durante medio año. Roses es el encargado de la exposición “Góngora. La estrella inextinguible”, donde se exhibirá el manuscrito encontrado por Amelia de Paz.

Hace 400 años don Luis se encontraba en plena composición de sus dos grandes poemas: las “Soledades” y la “Fábula de Polifemo y Galatea”. Esto es lo que sin duda conmemora esa exposición tan valiosa.