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La Adelita quiere llorar. Que se le acusa de marchar y, ella, que no ha protestado de casi nada -y que conste que en tiempos de campaña se vale llorar, berrear y hasta acusar.
Staff
junio 2, 2012, 1:57 pm

Carolina Rocha Menocal

El Universal

La Adelita quiere llorar. Que se le acusa de marchar y, ella, que no ha protestado de casi nada -y que conste que en tiempos de campaña se vale llorar, berrear y hasta acusar. La noticia la descubrió el jueves pasado, el día de los 6 millones de dollars, conocido también como charola-gate o bajen-al-peje-gate.

Apareció frente a mi pantalla un tweet de don José Cárdenas que se leía así: “Adelitas y maestros toman las calles de la ciudad de México… alegan que AMLO no les puso la casa que les prometió”. ¡Uchas!, fabuler@s, imaginen como suena lo antes citado: que no ‘me puso casa’, que ‘no me cumple el de Macuspana’, que ‘tomé’ las calles y las hice mías por usar las palabras más célebres del ‘copetón’, Enrique Peña Nieto. ¡No! ‘Santa Rita, la dignidad se me marchita’, pensé.

Y ahí no para el escándalo. Que a las “Adelitas” marchantes no solo no les cumplieron, sino que fueron defraudadas. Acusaban, al hoy también conocido como ‘Tabasqueño del Amor’, de robarles hasta 250 mil pesos –¡ajá! todo un Don JuanLagarto- que presuntamente irían a un fondo de vivienda que al parecer terminó en el fondo de los bolsillos de quién sabe quién. Sospechoso, ¿no?.

Turbio y oscuro. Sobre todo, querido lector, al ver que solo un diario en extremo anti-peje le dio revuelo a la nota de las Adelitas –¿piratas/P(r)iratas?- engañadas.

Ante la confusión y presunción, usted entenderá que una debe de aclarar que hay de Adelas a Adelitas. Y lo escribo y lo firmo porque la honra se me empina, como los números a Josefina.

Su Adelita, la fabulera perruna, somete por ende a su consideración el siguiente desmentido. Bruno el perro, Canuta la muy cachorra y Marcolfia, la perrota de la casa, actuarán como testigos:

1.- Su Adelita, con domicilio conocido en el sureño hogar, no marchó, ni poseyó calle alguna, el miércoles pasado. Si he marchado antes –ya lo explicaré más adelante - me deslindo. Deslindarse es lo de hoy y no me retracto. Cualquier desmán de las Adelitas pejeobradoristas redimidas, es responsabilidad suya o del panista/priísta que les pagó para pasarlo a desprestigiar.

2.- Las Adelitas del plantón de Reforma y las presuntas defraudas puede que sean las mismas, puede que no, pero, definitivamente, su causa y la mía no es igual. Su Adelita, la que escribe, no nació al calor del amor pejista, ni para brindarle seguridad en los mítines al de la honestidad valiente.

La Adelita de la Fábula es un tributo al ‘Charro Negro’ de Germán Dehesa. Así como lo escribo. El día en que se apagó la voz que cada noche preguntaba ‘¿y qué tal durmió Montiel?’ (en el país de la impunidad seguro muy bien), la que escribe se vistió de revolucionaria, se fajó las enaguas y quiso que en cada uno de sus textos quedara impresa la tenacidad, valentía y, en mucho menor dosis, la asertividad de la pluma de Dehesa. Por ello, insisto, a esta Adela, y cito al Peje en su respuesta al casi reverendo Sicilia, no la ‘metan en ese costal’.

3.- Confieso que sí he marchado. No sólo he marchado yo, sino el Bruno, el primogénito de la perrada Adelina, mi madre y hasta mi padre. Aquella ocasión en que marchamos los cuatro, el perrito cumplía un año de vida y, como regalo de aniversario, estrenó un paliacatito amarillo que le enredé al cuello. El evento, como el de ‘Yo soy 132’, no era ni partidista, ni político, ni subversivo ¡Nooooo! Era un simple reclamo contra el antes panista, antes presidente, antes demócrata, Vicente Fox y la intentona de desafuero. Esa tarde nos apaleó un sol de plomo, pero como plomo retumbaron nuestras pisadas hasta los Pinos. A los pocos días el bigotón en el gobierno dobló las botas y dio reversa a su embestida antiobradorista. Algo así como la chaviza del 132 y la respuesta televisiva y televisada de sus reclamos (no los enumero porque a esos chamacos ya les dio la gula petitoria)

La perrada que aquel domingo olisqueó y arengó en contra del desafuero no supo que su misión había sido cumplida. Ellos sencillamente dieron el paseo de su vida. Bruno salió hasta cojo del encuentro, pero digno. Un año después recorrió también el plantón de Reforma, aunque, crítico como es, le dio por levantar pata y mear cuanti campamento anti fraude encontró. De ahí salimos corriendo y arrastrando a Maka, que por gorda, ha sido decretada ‘perra que no marcha’.

4.- Su Adelita jamás ha sido defraudada. Bueno sí. No una, sino dos, tres… ¿cuántas veces he votado?

5.- Su Adelita que sí ha sido defraudada y desengañada, no fue víctima de ese supuesto despojo de vivienda que reclamaron airadas las Adelitas del miércoles que sabe si sean las de hace 6 años.

6.- Su Adelita se ha convertido en escéptica de las marchas. Ajá. Mi carrera marchística inició en 1994 con el cierre de campaña de Cuauhtémoc Cárdenas y éramos tantos los ahí gritantes que le juro, fabulero, me dije: ‘la izquierda va a ganar’. Sobra decir que el papel del Inge fue tan pobre como el de Madrazo 12 años después. Marché por la seguridad vestida de blanco y éramos tantos, muy estimado fabulero, que me convencí: ‘la impunidad no puede ganar’. Marché por la no más violencia, aquilatado fabulero, y éramos tantos y tan enojados que deduje: ‘la muerte a destajo no seguirá’. En fin, que he marchado tanto que de cansancio esta Adelita exclama: 'ni un paso más’.

7.- Mi madre, La Fiera como las adelinas hermanas le decimos de puro cariño, envió esta mañana un mail: ‘a marchar con #yosoy132’, fecha, hora y lugar. Por este medio, mi respuesta. No mamá… esta Adelita no protesta más. Así como lo leen.

Y, no. No es el alma envejecida de su Adelita la que se manifiesta ¡No! Es una convicción: mi próxima marcha ha de ser la que encabece yo misma hacia la urna. Su Adelita luego de años de observar y marchar concluye:

8.- Mejor una urna llena que una plaza rellena.