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Mas le vale a AMLO no aceptar consejos de sus amigos que de seguro tendrán sesgos mayores.
Carlos Chavarria
septiembre 22, 2018, 12:37 pm

Uno de los más ilustrados economistas del siglo XX, Herbert Simon, a quien poca importancia se le ha dado en el mundo, sobre todo en América Latina, desarrolló una teoría que explica la razón principal del fracaso de los proyectos en las organizaciones, pero principalmente en el sector público de cualquier país. Esa teoría se le bautizó como la teoría del racionalismo acotado o limitado.

El ser humano, con todo y su capacidad intelectual, siempre comete el error de convertir lo subjetivo en ley, dicho de otra manera, el diseñador de un proyecto siempre busca que en el papel todo funcione bien y sea rentable y usará todos los recursos a su alcance para convencer a la organización de la confianza en sus premisas y supuestos.

Para Simon se deben interpretar las acciones individuales como hechos intencionales de los individuos, pero la racionalidad individual en el comportamiento económico no garantiza necesariamente sostener que los resultados de éste sean siempre socialmente óptimos.

Las propuestas de AMLO sólo pueden entenderse a la luz de su escasa racionalidad que queda de manifiesto en su Proyecto de Nación 2018-2024.  La gran mayoría de sus proyectos están afectados en extremo por el principio de H. Simon.

Los ferrocarriles nacieron primero que la rueda de hule pero no pudieron mantener su posición cronológica ventajosa por razones físicas y económicas. Los FNM nacieron mal y se operaron peor.

El impulso a la red ferroviaria que le dio Porfirio Díaz no se basaba en el largo plazo o la eficiencia. La carencia de la doble vía condena, pero por mucho a los trenes, a la ineficiencia comparativa  con la carretera  y sólo es rentable para granelear.

A los trenes de pasajeros les dio el tiro de gracia  la que fue conocida como  “administración obrera”, que encabezó el corrupto líder sindical y luego director general Luis Gómez Z., quién acabó  con el poco capital y patrimonio que le quedaba a la empresa.

Las redes ferroviarias requieren grandes cantidades de capital para infraestructura y mantenimiento y los que aún operan lo hacen gracias a los subsidios que por necesidad deben otorgar los gobiernos.

De acuerdo con la American Railroad Association, la inversión para instalaciones fijas y material rodante por km de vía ronda entre 7 a 15 millones de dólares americanos, dependiendo del tipo de red y el alineamiento vertical y horizontal y su periodo de repago esta en el rango de 15 a 30 años. Al revisar los proformas del Tren Maya es claro que están muy subestimados.

Casi todas las promesas y ofertas que le fueron propuestas a AMLO como ejes centrales de su campaña están afectadas por la “racionalidad limitada” y es por ello que son  no cumplibles en el mejor de los casos, o suicidas para la estabilidad económica nacional en el peor.

En las organizaciones verticales y con muy poca transversalidad que además están dirigidas por ejecutivos generalistas, como es el caso típico de los gobiernos, es muy fácil que los niveles superiores caigan en el juego de la simulación que les ponen a la mano sus “hombres de confianza”.

No son pocos los presidentes que han perdido no sólo su capital político sino sus oportunidades históricas al adoptar lineamientos de política pública y proyectos que padecen demasiados costos ocultos o contingentes. López Portillo tuvo un enorme ascenso gracias a los consejos de su amigo Díaz Serrano y una terrible caída por seguir los de otros de sus amigos como Oteyza y Tello. En todos los casos Herbert Simon tenía razón.

Mas le vale a AMLO no aceptar consejos de sus amigos que de seguro tendrán sesgos mayores.