La Carpeta:
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Lo primero, para cambiar a nuestra sociedad, es convencernos de que incluir es la única forma de sanar. Abrir los ojos. Activarnos a participar y a educar a quienes no cuentan con oportunidades.
Margarita Arellanes
junio 18, 2012, 6:31 am

Cuando son tiempos de campañas políticas, los ciudadanos nos ponemos en una actitud distinta a la habitual. Y no es para menos. Estamos constantemente bombardeados por enormes cantidades de información, promesas, propuestas y mensajes cargados de ambigüedad, en las que los candidatos llegan a pensar que realmente llaman la atención y causan algún atractivo a los ciudadanos. Al fin de cuentas, no sé quién sueña más: si el candidato que quisiera captar el mayor número de votos de los ciudadanos o, por el contrario, el sueño de los ciudadanos de poder creer en alguien que tenga la capacidad, el valor y la determinación de hacer y resolver lo que la comunidad necesita.

Todos queremos y esperamos lo mismo de un candidato, y mucho más de un gobernante. Lo mínimo que podemos exigir a una persona que pretende asumir la enorme responsabilidad de tomar las decisiones más importantes de nuestra ciudad, es que sea transparente, justo y disciplinado. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no es así. Todo termina en un juego falso en el que el más frecuente final, es la decepción.

Pero así es una campaña. Es una etapa en la que no hay manera de ganar la confianza de los ciudadanos, más que con palabras, promesas y propuestas. La verdadera confianza se gana en el día a día. Con el trabajo diario. El resolver se convierte en la carta de presentación de un buen gobernante. Pero, en una campaña, el dar resultados está lejos del alcance y no nos queda más que tratar de mostrar lo que somos o de percibir lo que cualquier candidato es en realidad, a través de escuchar, presenciar y analizar las distintas ideas y propuestas de todos.

Yo soy una convencida de que con trabajo, con planeación y con voluntad es como se puede lograr cambiar las circunstancias de una ciudad y así, ganar la participación y la confianza de la gente, basada en el auténtico servicio a los demás. Yo tengo más de 15 años en el servicio público y me encuentro en uno de los momentos más importantes de mi vida: Crecer hacia una responsabilidad del tamaño de Monterrey y demostrar que una mujer es capaz de tomar las mejores decisiones para el futuro de su ciudad, ganándose la confianza y el orgullo de su gente, para seguir adelante mejorando la calidad de vida para todos, principalmente para los que más lo necesitan.

Me gusta mi ciudad. Aquí nací y aquí me quedaré. Amo a mi tierra y a mi gente y no dejaré de trabajar por ver que nuestros niños, nuestros adultos mayores, nuestros jóvenes y nuestras madres estén seguras y con un futuro más prometedor y con verdaderas oportunidades.

También soy una convencida de que hacer justicia, hacer un cambio verdadero y mejorar las condiciones de vida de los regios, es imposible en manos de una sola persona. Tengo muy claro de que la única manera de convocar y contar con el empuje de la ciudadanía, es a través de un auténtico liderazgo. Se trata de coincidir con cada sector, con cada comunidad y con cada organización de ciudadanos que viven (aunque no debería de ser así), muy distintas realidades.

Un liderazgo auténtico, nos va a guiar a ser incluyentes. A no discriminar. Somos una sociedad, y debemos reconocerlo para poder crecer y avanzar, que discrimina. Discriminamos al que sabe menos, al que tiene menos, al que puede menos y al que nos parece que es menos. Discriminamos por religión, por afiliación política, hasta por el equipo de fútbol al que le vamos. Es cierto. Los regios nos hemos acostumbrado a discriminar y ahora nos parece normal. Sin embargo, el no ser incluyentes, nos mantiene separados, lejanos y ajenos al resto de la población. No todos contamos con las mismas oportunidades y, mucho menos con las mismas posibilidades. Eso no es justo y por ello la sociedad reacciona de forma agresiva hacia quienes consideran que les hemos negado esa posibilidad.

Lo primero, para cambiar a nuestra sociedad, es convencernos de que incluir es la única forma de sanar. Abrir los ojos. Activarnos a participar y a educar a quienes no cuentan con oportunidades. Si nosotros somos los privilegiados, los educados y los preparados, entonces somos los responsables de lo que aquí sucede. Ese puede ser un buen principio. Esa puede ser una buena oportunidad para ponernos de acuerdo en que no todo esta en manos de un candidato o de un gobernante. En realidad, esta en manos de todos.