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En una democracia consolidada las elecciones nunca las gana la oposición, siempre las pierde el gobierno. Pero la oposición debe estar preparada para asumir el relevo.
Manuel Perez Ramos
junio 28, 2012, 11:38 pm

-Entre más baja es la calidad de la política más altas son las cantidades de dinero manejadas en ellas.

-En una democracia consolidada las elecciones nunca las gana la oposición, siempre las pierde el gobierno. Pero la oposición debe estar preparada para asumir el relevo.

-Las elecciones se ganan en dos momentos: primero, las gana quien trae más dinero; y segundo, con dinero se compra el voto.

-Las elecciones se ganan con la izquierda, el gobierno se ejerce con la derecha.

-Para la oposición cuando se hace gobierno: dime qué olvidas y te diré quién eres.

-En la política light no hay proyecto político más rentable que el de alentar las peores bajezas humanas, entre ellas la vanidad, el insulto, el chantaje, la intolerancia. Estos son los insumos de la guerra sucia.

-Estaría bien que nuestra política fuera una feria de vanidades, si tan sólo fuera un poco, también una fiesta civilizada donde reinara la crítica y la proposición. Pero vemos con pesimismo de la inteligencia que está llena de fantoches, de enanos políticos y de diatribas de chalanes que se enlodan los uniformes en la guerra sucia.

-Hay políticos y políticas que les encanta fomentar orgullos y vanidades provincianas al adjudicarse logros que no les corresponden.

-En las campañas políticas, hay cosas que por estúpidas que sean, conquistan al pueblo, por el simple hecho de ser nuevas.

-Hoy es el enfrentamiento del poder enajenante de la Telecracia contra la inteligencia de los ciudadanos.

-Juan Goytisolo escribió hace poco: “Nunca converso con los políticos, porque sus discursos pasan por encima de mi cabeza y el mío no llega a la de ellos”.

-En México, y ahora en Nuevo León, la calidad de las campañas políticas es el espejo donde se refleja no tan sólo la pobreza de nuestra cultura política, sino la derrota de nuestra cultura de participación social.

-En política también la paciencia es una virtud. Lo trágico de la vida de un político radica a menudo en no saber esperar, y por ende, en secuestrar su candidatura con mucho tiempo de antelación a los comicios.

-En relación a la pobreza de los candidatos y sus propuestas para gobernar: gusten o no gusten a los navegantes, éstos son los que dirigirán el timón, y éstos serán los vientos que soplarán, y éstos los mares que hay que surcar.

-¡Qué naufragio!

-En la kakistocracia (gobierno de los peores) no se elige al mejor, sino al menos malo.

-Un político impulsivo es un cheque en blanco para las actitudes antidemocráticas, los comportamientos delictivos, antisociales o criminales.

-A menudo, al político impulsivo lo devora la prisa, lo quiere todo ahora, y la violencia verbal es el camino más corto para tocar los clarines de la victoria antes de tiempo.

-Hay políticos que abusan de su otro “yo”, sin darse cuenta que suele ser permanentemente su contrario.

-En política la credibilidad se derrumba en un segundo. Recuperarla cuesta un millón de actos de campaña. La gente no es tonta y sospecha del simulador, del mentiroso.

-El político íntegro debe poner mucho empeño en no decir y hacer cosas que propicien la desconfianza ciudadana, no sólo por mercadotecnia, sino por convicción.

-Octavio Paz afirmaba que “Una de las razones de nuestra incapacidad para la democracia es nuestra correlativa incapacidad crítica.” Tenía razón nuestro premio Nobel de literatura, sin crítica no hay creación.

-Dice Gilles Lipovetsky, que la política del espectáculo enmascara los problemas de fondo, sustituye los programas por el encanto de la personalidad y entorpece la capacidad de razonamiento y juicio en provecho de las reacciones emocionales y de los sentimientos irracionales de atracción o de simpatía.

-Hay que desconfiar del político o gobernante que prolifera sus mensajes publicitarios en la televisión, sobre todo aquellos que prometen un bienestar inmediato, la seguridad y la paz de los sepulcros, una felicidad fácil y sin límites, o que garantizan soluciones fáciles y rápidas para toda clase de conflictos, incluidos los grandes problemas nacionales.

-Un candidato chantajista ha de conseguir que a su opositor le parezca más conveniente colaborar con él que negarse a la alianza.

-El gobernante autista es por definición un político seducido por sí mismo, por su propia concepción política, alguien cautivo de sí mismo. En suma, alguien que cree que está gobernando bien, cuando sus gobernados dicen todo lo contrario.

-Para el candidato, la exhibición de su imagen en la televisión es un requisito indispensable para obtener el voto y alcanzar el poder, aunque no conozca a sus electores.

-Le dice el asesor al candidato: “Si apareces en la televisión existes”. Ante su indecisión, le reitera: “Lo que aparece es bueno y lo que es bueno aparece”. Le contesta el contendiente: ¿Será? A veces los asesores de imagen política son muy competentes: Pintan muy bien a los candidatos mediocres.

-Si en una campaña política se dicen las verdades como si fueran mentiras, algún candidato dirá las mentiras como si fueran verdades.

-Votar desde la imagen, es estar poniendo las bases para jamás aprender a razonar el voto.

-El candidato virtual sabe que existe para ser contemplado, para ser consumido. Y así la democracia se convierte en un mercado y la ciudadanía en simples consumidores.

-Si la memoria es el mejor antídoto para el olvido, nuestra acta de nacimiento no tendrá como fecha el primero de julio de 2012, pero sí puede ser un día en el que consignará nuestro avance en la democracia o nuestro regreso al autoritarismo.