La Carpeta:
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Para cerrar con broche de oro, López Obrador niega a sus seguidores la posibilidad de diferenciar su voto: como buen priista de cepa, quiere el carro completo, porque sin un congreso totalmente dominado no va a poder realizar sus potenciales locuras.
FELIX CORTES CAMARILLO
abril 3, 2018, 7:19 am

Hubo un no fue bajo un jamás,

                hubo un tal vez bajo un quizás,

                hubo un regué bajo un frutal,

                hubo un llegué bajo un andar.

                Silvio Rodríguez, Canción contra la indecisión

Algo debe tener la metodología aplicada por Donald Trump que su ejemplo está siendo seguido en México por el candidato de Morena a la Presidencia de la República. Andrés Manuel es el candidato de Morena; los demás son música de acompañamiento.

El Presidente de los Estados Unidos modifica su gabinete según le amanezca la bilirrubina, pero cambia de posturas políticas todos los días. México es el eje de su mutación permanente.

Un día exige que México pague por el supuesto muro de contención migrante, que en muchos kilómetros de la línea fronteriza y en otros no es posible edificarlo, y al siguiente se dirige a las fuerzas armadas de su país para que de su choncho presupuesto dediquen el dinero que se necesita para la muralla, simplemente considerándolo un asunto de seguridad nacional.

En ocasiones admite que el TLC debe ser renegociado para reducir el déficit comercial de su país con México y al día siguiente amenaza con detener el tratado si México no para la ola de migrantes centroamericanos que por aquí pasa, así como el narcotráfico alimentado por el consumo de sus paisanos.

Un día reconoce que es necesaria una legislación correcta para los dreamers, mayormente mexicanos, pero al siguiente publica en su medio favorito, Twitter, que las leyes migratorias aprobadas por los demócratas aprehenden y sueltan a delincuentes; ergo, no más acuerdo de DACA.

López Obrador va por el mismo sendero. La semana antepasada, ante el Congreso Mexicano de la Industria de la Construcción, se comprometió —dado el caso de su triunfo electoral— a integrar una mesa  de análisis entre empresarios, gobierno y Morena sobre el futuro del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En el mitin para iniciar su campaña formal, en Ciudad Juárez, volvió a la vieja cantaleta de cancelar la obra pública mexicana más importante de este siglo: se construirán dos pistas en la base aérea de Santa Lucía. Para coronar, en el más puro estilo trumpeano, aseveró que cancelando la obra ya en proceso se van a ahorrar más de doscientos mil millones de pesos.

Para cerrar con broche de oro,  López Obrador niega a sus seguidores la posibilidad de diferenciar su voto: como buen priista de cepa, quiere el carro completo, porque sin un congreso totalmente dominado no va a poder realizar sus potenciales locuras.

PILÓN.- Le quedan solamente 86 días a José Antonio Meade para dar el único paso que le puede salvar de un fracaso el primero de julio próximo: el distanciamiento claro, tajante, tal vez brutal, de la administración actual.

Las enormes expectativas que generó la llegada de Enrique Peña Nieto a la Presidencia, su Pacto por México y las reformas estructurales, son las raíces del hecho innegable de que hoy en día más del 80 por ciento de los mexicanos estemos resentidos, iracundos, molestos, encabronados con el sistema.  Entre más sigamos identificando a Meade con el PRI de Atlacomulco, con el PRI de ayer, menos vamos a votar por él. El tiempo corre.

Está advertido el hombre que ahora todos le dicen Pepe Toño.