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Hace pocos días, después de ver uno de los tantos videos colgados en la red sobre Enrique Peña Nieto, me sorprendió mi capacidad de sorprenderme. Son muchos los momentos cumbre del video.
Staff
junio 3, 2012, 3:11 pm

Arnoldo Kraus

Médico
EL UNIVERSAL

Hace pocos días, después de ver uno de los tantos videos colgados en la red sobre Enrique Peña Nieto, me sorprendió mi capacidad de sorprenderme. Son muchos los momentos cumbre del video.

Su desconocimiento del precio de las tortillas, “no soy la señora de la casa”; las durísimas palabras del finado Carlos Fuentes respecto a la falta de sabiduría del candidato, su confusión acerca del salario mínimo, su inglés imposible de entender, sus respuestas acerca de los gastos generados en publicidad y un larguísimo etcétera conforman parte de la biografía intelectual y laboral del abanderado priísta. No me detendré en ellos. Sólo puntualizo uno. Uno infame.

A la pregunta quiescente, sin presión, de un periodista neutral, alejado de los partidos antagónicos a EPN, “¿su esposa, como murió?”, el candidato del PRI a la Presidencia, trajeado con pulcritud, responde, tras trastabillar, con el uso de las palabras, no de las manos, “intempestivamente”…, “llevaba dos años enferma…”, “el nombre de la enfermedad… algo parecido a la epilepsia”. Imposible no sorprenderse ante el diagnóstico de Peña Nieto. No hay quien no sepa la causa del fallecimiento de su esposa.

Algunos dicen “de susto”, “de tristeza” o “de parto”, otros responden de cáncer de mama o por insuficiencia renal secundaria a diabetes mellitus, y todos, menos Peña Nieto, conocen las causas de la muerte del cónyuge y saben lo que el candidato ignora: la distancia entre “intempestivamente” y “dos años enferma” es tan enorme como el larguísimo etcétera de las pifias mostradas en el video. Es válido no conocer el nombre de tres libros. No es válido no saber de qué murió la esposa.

La desazón por la falta de conocimientos de Peña Nieto, su brutal incapacidad para maniobrar y “echarse de lado” cuando no se sabe, la desfigurada, sobajada y poco querida cúpula priísta, protectora y asesora de su candidato son, inter alia, elementos insoslayables del tiempo electoral, tiempo no muy luminoso ni para EPN ni para el PRI. Si a esa bruma se agregan el inconcluso caso de Humberto Moreira, el “casito” de los “dineritos” del ex gobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington, y, entre un miríada de ejemplos, la inesperada caída, que no tropezón, en la Universidad Iberoamericana del ex gobernador del Estado de México, es dable, y muy estimulante, considerar que las encuestas, dependiendo del encuestador, seguirán mostrando el camino hacia el despeñadero de Peña Nieto y del PRI. Mucho barullo y pleito debe haber en la cúpula priísta. Muchos políticos enfundados en la añeja y decimonónica casaca priísta deben sentirse arrepentidos por haber elegido al candidato de la élite del partido y no a otro. Pronto seremos testigos de esos desencuentros.

Mientras tanto, encuestas neutrales, sin amo ni dinero sucio de por medio, muestran otros números. ¿Números en favor de Andrés Manuel López Obrador o números en contra de Peña Nieto? Seguramente ambas ideas son ciertas, tan ciertas como el porcentaje de indecisos, cuyo voto, probablemente será determinante en el resultado definitivo. Josefina Vázquez Mota ha quedado desplazada y la dupla Gabriel Quadri-Elba Esther Gordillo apenas figura.

La encuesta realizada por Ipsos-Bimsa coloca a Peña Nieto en primer lugar con 36% de intención de voto, a López Obrador con 24% y a Vázquez Mota con 21%. La encuesta revela también dos puntos cruciales: la ventaja de EPN sobre AMLO se reduce a menos de la mitad que hace un mes, y 15% de la población se encuentra indecisa. La ventaja del PRI ha disminuido por los factores antes mencionados y continuará cayendo conforme transcurra el tiempo. El movimiento estudiantil #YoSoy132, su clara postura antiTelevisa —madrina y padrino de EPN—, antiEPN, y el anuncio de que el candidato del PRI no acudirá a ninguna universidad auguran malos tiempos y pocos votos. Los estudiantes, como suele suceder, han amalgamado a la población que detesta al binomio Peña Nieto-Televisa.

Cerca de las elecciones, la batería propagandística de los partidos se dirigirá hacia los indecisos. El movimiento #YoSoy132 atraerá a algunos. Otros se decantarán por las ofertas de los partidos. Aunque AMLO pueda no satisfacer a muchos indecisos, su equipo sí. AMLO es el único candidato que ha dicho con quién trabajará. La pluralidad de su gabinete, su perfil académico, intelectual y empresarial permiten entrever que AMLO gobernaría arropado por un grupo proteico y conocedor. Si sus miembros toman la palestra en los próximos días y explican las razones por las cuales trabajarán con AMLO, muchos indecisos dejarán de serlo y optarán por ellos y por Andrés Manuel López Obrador.