La Carpeta:
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Después de las elecciones –además de refundar el tema de la seguridad– le tocará a César Garza Villarreal recomponer las arcas municipales que han sido saqueadas y malísimamente administradas por Ivonne Álvarez y el equipo que traficó con el dinero público de los guadalupenses.
Jose Jaime Ruiz
junio 18, 2012, 10:20 am

El triunfo de César Garza Villarreal a la alcaldía de Guadalupe es inminente, sobre todo porque el candidato priísta por Comprometidos por Nuevo León aceptó que la política es conflicto, pero ante todo la política es composición. Y César ha tejido para que esta política se “realice”, es decir, se vuelva real.

Garza Villarreal tuvo que trabajar primero para conseguir ser uno de los candidatos a la alcaldía de Guadalupe cuando desde el Palacio de Cantera tenían como mejores opciones a Héctor García y a María de Jesús Aguirre. En una maniobra de reacomodo, César consiguió el apoyó de García, pero Rodrigo Medina seguía presionando para que la diputada federal consiguiera la nominación.

Héctor García declinó y César Garza Villarreal, después de la segunda quincena de enero, durante la primera reunión de Vertebra en 2012, se autodestapó para poner contrapeso a las presiones que intentaban sacarlo de la jugada, como ya lo habían hecho con el diputado local Héctor García.

Con el apoyo de Ismael Flores, César por fin pudo conseguir la candidatura y la aprobación de Rodrigo Medina, lo cual le pavimentó el camino para empezar a hacer las alianzas necesarias con priístas y panistas de Guadalupe para obtener una candidatura fuerte.

La candidatura de César, y su inminente triunfo, han sido el esfuerzo de esa política de alianzas donde se compone y se recompone, donde su buscan los puntos débiles de la oposición para allegarse a los panistas disidentes o, al menos, que trabajen, como regularmente lo hacen en Guadalupe cuando no se ponen de acuerdo, minando la candidatura del PAN.

César también destruyó esa cuasi leyenda urbana de que a los guadalupenses les gusta ser gobernados por una mujer. Ivonne Álvarez y Cristina Díaz no hicieron verano. Y aunque la candidatura de Garza Villarreal ha sido una candidatura amable, su manejo de las estructuras, la incursión en las zonas de inseguridad, los recorridos todo-terreno, le dan un amplio margen de fortaleza.

La política de composición de César Garza Villarreal se confronta con la política de descomposición del PAN en Guadalupe, una tacañería política que desintegra, excluye y ha dejado de representar una opción válida para ese municipio. Después de las elecciones –además de refundar el tema de la seguridad– le tocará a César Garza Villarreal recomponer las arcas municipales que han sido saqueadas y malísimamente administradas por Ivonne Álvarez y el equipo que traficó con el dinero público de los guadalupenses.