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Otto lo único que logró con sus insultos contra Andrés Manuel fue hacerlo crecer algún puntito en las encuestas y así, de plano, Meade jamás alcanzará al tabasqueño: jamás, jamás.
Federico Arreola
diciembre 31, 2017, 10:27 am

No pensé que fuera realmente la cuenta de Twitter del secretario de Educación. Cuando vi sus tuits, me dije que no podía el señor Otto Granados Roldán ser tan vulgar —además, tan cobarde porque no escribió su nombre— al hablar de Andrés Manuel López Obrador.

Lo cierto es que no recordé que hace casi un año, en enero de 2017, Granados, a la sazón subsecretario de la SEP, había ofendido en Twitter a Miguel Ángel Gurría.

Hoy me doy perfecta cuenta de que el Otto que insultó a AMLO es el mismo que había ofendido a Gurría.

Otto no cambia, pues. Y ya es un hombre viejo, de mi edad. Los vejetes como nosotros deberíamos saber comportarnos.

En el mejor de los casos, a Otto Granados le da por tuitear borracho. En el peor, está demostrando que los insultos a AMLO son una estrategia del gobierno federal y ello no es aceptable, por supuesto que no.

Se vale desde el poder ejecutivo debatir con López Obrador, claro que sí. Pero, ¿insultarlo?

En su columna, José Jaime Ruiz exige al secretario Granados que se disculpe con López Obrador. No estoy de acuerdo...

Es decir, ojalá Otto se arrepienta en público y suplique perdón al candidato presidencial de Morena. Pero si lo hiciera, no sería suficiente para considerar a Otto Granados Roldán un hombre calificado para encabezar al sector educativo mexicano.

Debe Otto dejar el gobierno federal, sin duda. Hay tiempo de sobra para que se le despida este mismo 2017. Le quedan al último día del año varias horas hábiles, EPN debe aprovecharlas y limpiar su gobierno.

Pero, si por vacaciones presidenciales no se pudiera echarlo ahora mismo, que se destituya al secretario Granados los primeros días de enero.

Ya se ha tardado el presidente Enrique Peña Nieto en solicitar la renuncia de Granados Roldán.

De plano, EPN no puede permitir que una persona así dañe tanto la imagen de su administración.

Tampoco puede el presidente Peña permitir que Otto Granados, con sus arranques de violencia escrita que no controla, dañe tanto al candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade.

Lo único que no necesitaba el abanderado priista era que, desde el gobierno del presidente Peña, se le regalaran a AMLO argumentos para presentarse como víctima de un ataque de la mafia del poder.

Otto lo único que logró con sus insultos contra Andrés Manuel fue hacerlo crecer algún puntito en las encuestas y así, de plano, Meade jamás alcanzará al tabasqueño: jamás, jamás.