La Carpeta:
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El secretario José Antonio Meade Kuribreña fue copartícipe de la guerra de sangre de Felipe Calderón y de la corrupción sin castigo de Enrique Peña Nieto. Ya lo dice el refrán: “Tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata”.
Jose Jaime Ruiz
diciembre 2, 2017, 8:18 am

Tres factores inciden en las elecciones en México desde el 2015: la alternancia, el voto de castigo y el candidato. En Nuevo León Jaime Rodríguez Calderón ganó la elección por esos tres factores. En el 2016 dominó la alternancia, el voto de castigo. En 2017 Coahuila y el Estado de México, se supondría, fueron la excepción. En Coahuila el cacicazgo de los Moreira y un flojísimo candidato del PAN (técnicamente no tenían lo suficiente para impugnar), mantuvo no al PRI, sino a ese cacicazgo en el poder. En el Edomex el PRI perdió voto por voto, casilla por casilla, con Morena. Sólo sus alianzas y un despliegue de recursos (elección de Estado) pudieron hacer ganar a Alfredo del Mazo. Véanlo o no, el PRI va a la baja.

El problema de José Antonio Meade Kuribreña es que “no registra”, por ningún lado se le ve como candidato, el carisma se le niega en un mundo político y social donde lo que importa precisamente es ser carismático. Ni es priista ni es panista ni ciudadano. Ser heredero de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto es su peor negativo: carga el sexenio de la sangre y el sexenio de la corrupción. Si lo mexicanos a alguien repudian, es a Calderón y a Peña Nieto. Por culpa de las indefiniciones del Frente Ciudadano por México, Meade avanza hasta ahora en opción dual, no múltiple. José Antonio no se la debe de creer: la fotografía es hechiza.

Los negativos crecen: la cargada también es hechiza. Los sectores, inclusive la CTM de postín, no sirven. Creer que Luis Videgaray maneja el PRI, es un error. Hay un PRI de representación (Enrique Ochoa Reza) y otro PRI, el de representatividad. Por eso creerle a Manlio Fabio Beltrones es un error, Manlio sigue pensando en un gobierno de coalición. Aceptar a Miguel Ángel Osorio Chong es un disparate. Peña Nieto traicionó al PRI tradicional y eso los priistas se lo cobrarán en la estructura, en las urnas. Muchos de ellos, y tal vez con razón, ven como priista a Andrés Manuel López Obrador, no a Meade. José Antonio es un intruso, carece de arraigo.

The Economist es claro, según registra Proceso:

1.- “Los votantes opinan que (Peña Nieto) no ha hecho lo suficiente para combatir el crimen y la corrupción y, después de un escándalo de conflicto de interés, dudan de su honestidad”.

2.- Para ganar, Meade Kuribreña tendrá que protagonizar un juego de balanceo político “horriblemente tramposo”, que consistirá en atraer los votos del PAN y usar al mismo tiempo la “formidable maquinaria electoral” del PRI sin decepcionar a los militantes.

3.- De acuerdo con algunas voces críticas, el exsecretario de Hacienda será visto como “cómplice de la corrupción, porque no la denunció en el gobierno de Peña Nieto”, a la par de que su estilo de “discurso suave” no movilizará los votos.

4.- Sea quien sea, “el próximo presidente tendrá que lidiar con una disparada tasa de criminalidad, el enojo respecto a la corrupción, una economía débil y Donald Trump, quien en ese entonces podrá haber decidido desaparecer o cambiar de manera drástica el TLCAN”.

5.- “…la carrera puede ser entre Meade, un miembro del establishment apolítico, y López Obrador, un político antiestablishment. Peña Nieto mantendrá sus dedos cruzados”.

El secretario José Antonio Meade Kuribreña fue copartícipe de la guerra de sangre de Felipe Calderón y de la corrupción sin castigo de Enrique Peña Nieto. Ya lo dice el refrán: “Tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata”. A José Antonio la revisión de su pasado le espera. Candidato sin PRI, candidato sin PAN, anticandidato ciudadano, José Antonio carece de identidad.

 Tiene razón Juan Villoro en su artículo de Reforma (“Meade, S. A. de C. V.”):

1.- “Al destapar a José Antonio Meade, que no milita en el partido, renuncia a sus propias fuerzas. Lejos del trato político y más lejos aún del carisma, el Secretario de Hacienda aparece como el candidato de los mercados. Con todas las condiciones para ser gerente, no califica como Mandatario.”

2.- “Si Peña Nieto habla como quien lee en teleprompter, Meade habla como si leyera una página Excel. Lo extraño es que no aspira a gobernar el Banco de México, sino a gobernar México como un banco.”

En cuestiones de encuestas, Meade debería aceptar la recomendación de Federico Arreola: “Meade sabrá lo que hace, pero la encuesta que debe desechar es la que lo pone muy arriba y tomar en cuenta la que lo pone muy abajo”. Y, sin embargo, cuando el anticandidato José Antonio Meade Kuribreña empiece a ser Pepe Meade entonces, sólo entonces, habrá candidato.