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El más grave problema del ciudadano Meade es que mantiene una narrativa de gobierno, de Estado, de Estado de Derecho, de instituciones y, bajo el tremendo divorcio entre sociedad y gobierno de Enrique Peña Nieto, eso resulta en una narrativa fallida. José Antonio no es el candidato que los ciudadanos adversos a Andrés Manuel, esperaban.
Jose Jaime Ruiz
abril 10, 2018, 5:56 am

No es la ausencia de narrativa, es la mala narrativa. Mientras José Antonio Meade siga siendo el defensor de las instituciones su narrativa carece de atractivo porque, citando mal a Daniel Cosío Villegas, hay una atmósfera propicia de que es inevitable un cambio. Enrique Peña Nieto le mostró a José Antonio, en su posición frente al despliegue militar de Donald Trump en la frontera, cómo se debe ser candidato, cuáles son las líneas discursivas que, en momentos de crisis, importan.

Los spots de Meade carecen de veracidad y, por tanto, no narran. Hay un monólogo implícito: al querer hablar con todos, Meade sólo se habla a sí mismo. Lo peor, incluir ahora los spots del “miedo” a raíz de la reforma educativa sólo denotan desesperación en contra de la ventaja perenne de Andrés Manuel López Obrador. ¿Cuándo José Antonio dejará de verse como el ex de esta u otra secretaría y empezará a asumirse como candidato?

Andrés Manuel López Obrador, puntero en todas las encuestas (10.9 arriba de Ricardo Anaya, se lee en El Universal y 2 a 1 frente a Meade) ya se convirtió en obsesión. Predicador de tiempo completo, Andrés Manuel mantiene la narrativa del cambio, ahora con responsabilidad, aunque condicionada a que el presidente Peña Nieto y el INE respeten los resultados electorales.

Ricardo Anaya y Margarita Zavala mantienen una línea de cambio institucional, lo cual no les da una narrativa representativa de los deseos ciudadanos. Algunos aseguran que el problema no es Meade sino sus amigos. Tal vez. Lo cierto es que José Antonio tiene que trascender a López Obrador o perecer electoralmente. Al confrontar a Andrés Manuel con sus nuevos spots, José Antonio sigue prolongando el sexenio de Peña Nieto.

¿Quién carajos tiene miedo de que se eche atrás la reforma educativa que, en realidad, ha se ha quedado sólo en una reforma laboral? Los maestros siguen en contra de esa reforma y los padres de familia no han sido persuadidos de las supuestas bondades de esas reformas. Lo peor, hay sentido político en la narrativa de Andrés Manuel no sólo sobre la reforma educativa, también sobre la reforma energética: los recibos de la CFE y el gasolinazo seguirán trabajando en contra de Meade. Si se trata de miedo, tendrán que confrontar a Andrés Manuel sobre el perdón a delincuentes, la inseguridad es el miedo social, no el miedo a la reforma educativa.

El más grave problema del ciudadano Meade es que mantiene una narrativa de gobierno, de Estado, de Estado de Derecho, de instituciones y, bajo el tremendo divorcio entre sociedad y gobierno de Enrique Peña Nieto, eso resulta en una narrativa fallida. José Antonio no es el candidato que los ciudadanos adversos a Andrés Manuel, esperaban (tampoco lo es Margarita o Anaya).

Mientras no encuentre su propia narrativa, la narrativa antiAMLO sólo favorece a Andrés Manuel. El 7de7 quiso ser un golpe espectacular, fue tirititito. Cosío Villegas escribió que “el temperamento es un dato biológico mientras que el carácter es moral”. José Antonio, para encontrar su narrativa más acá de la institucionalidad, debería reflexionar en eso.

El estilo personal de gobernar. Daniel Cosío Villegas. Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1974.