La Carpeta:
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Es curioso que un escritor ya muerto (José Donoso) haya pronosticado mejor hacia donde va la denuncia informativa, que varios periódicos impresos, cerrados en sus formatos y hábitos de dar la noticia y la opinión. Por eso, en máximo cinco años, la mayoría de los periódicos impresos agotarán su modelo de negocio, o sea, se irán al lugar sin límites de la novela de Donoso, que es la manera bíblica para definir al infierno.
Eloy Garza
agosto 10, 2018, 6:54 am

En una charla con el gran novelista chileno José Donoso me desviví en elogios por su novela El lugar sin límites. Con este novelista pasé dos veladas en su departamento de la cCiudad de México cantando corridos revolucionarios y tomando caballerías completas de tequila. En una de esas noches, Donoso me contó que cierto fin de semana se sentó frente a su máquina de escribir, casi en estado de gracia, y creó esa novelita genial que luego filmó Arturo Ripstein con resultados igualmente magistrales.

Aludiendo a El lugar sin límites, Donoso me explicó que su intención no era hacer novela de tesis –¡Dios lo librara de semejantes pretensiones!– sino novela de denuncia informativa; en este caso, la exhibición del autoritarismo mexicano y chileno más ramplón, resultado del machismo que contamina las relaciones comunitarias y de la homofobia más delirante, personificada en el último papel que interpretó el gran Fernando Soler antes de morir: el cacique don Alejo.

Donoso fue un sutil crítico de las deformidades sociales y políticas de nuestros pueblos, como lo fueron sus demás colegas del célebre boom latinoamericano. Donoso me expuso además otras razones: estaba convencido de que la denuncia informativa no pasaba (ya desde aquel entonces) sólo por los periódicos impresos, sino además por la literatura, el cine, la carpa, la cantina, incluso por las pláticas familiares de sobremesa.

Me hubiera gustado que Donoso viviera en esta época de memes, tuits y viralidad: la denuncia informativa ahora se expande por la red social, los blogs, los diarios digitales, Facebook, Twitter, y una amplia gama de formatos que Internet ha traído como novedad. Pero de igual forma, muchos periódicos impresos que han migrado al mundo digital como El Norte siguen cargando con sus defectos de origen: obligan a pagar al usuario para leer sus contenidos y no aceptan la intromisión del lector en la reinterpretación de sus notas periodísticas. Es decir, quieren suscriptores, no lectores. Y lo peor: hacen bullying informativo igual que muchos usuarios de Internet (no argumentan, persiguen; no denuncian, acosan) práctica deplorable que es peor en los periódicos impresos porque se disfraza de supuesto profesionalismo.

Los grandes medios critican (no sin buenas razones) a los bots, pero muchos de ellos también promueven el acoso mediático; no la denuncia informativa sino el hostigamiento; no el artículo de fondo sino el maltrato emocional a base de reiteración y calumnias. Es el traslape de la credibilidad en la confusión intencional entre criticar y querer mandar; entre acusar y querer ordenar; entre denunciar y querer gobernar. Periodismo-zombi: no ve, no escucha, no lee, sólo impone su agenda (otra manera de neurosis narcisista).

Los periódicos impresos compiten ahora casi en igualdad de circunstancias con el consumidor de noticias digitales, que es al mismo tiempo en las redes un productor de denuncias informativas y de editoriales en línea. También se olvida que el usuario de Internet ha dejado de leer todo el timeline de un sólo diario, para brincar de la noticia de un medio a otro, sin respetar la vieja reputación del diario sino más bien atraído por la calidad o la novedad de la nota (lo que yo le llamo zaping noticioso).

Es curioso que un escritor ya muerto (José Donoso) haya pronosticado mejor hacia donde va la denuncia informativa, que varios periódicos impresos, cerrados en sus formatos y hábitos de dar la noticia y la opinión. Por eso, en máximo cinco años, la mayoría de los periódicos impresos agotarán su modelo de negocio, o sea, se irán al lugar sin límites de la novela de Donoso, que es la manera bíblica para definir al infierno.