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Eso sin contar los gastos de organización: inauguración, clausura, añadidos turísticos. A grandes rasgos, los gastos pueden ascender a 15 mil millones de dólares. No los junta como utilidad CEMEX en un año. Eso basado en cifras conservadoras, porque los gastos de los recientes Juegos Olímpicos alcanzaron los 20 mil millones de dólares.
Eloy Garza
agosto 25, 2016, 6:01 am
eloy-nuevo Un grupo de inversionistas de Nuevo León contempla ya la posibilidad de entrar a la puja internacional para traer los Juegos Olímpicos. Incluso ha propuesto a Monterrey como ciudad sede de estos importantes juegos deportivos.

Lo cierto es que los Juegos Olímpicos ya no son negocio. Al menos no para la urbe anfitriona. En el balance costo-beneficio salimos perdiendo de calle. Que nos platiquen su experiencia los brasileños para deshacernos tanto sueños guajiros.

Dado que el compromiso es aportar toda la infraestructura impuesta por la COI la inversión se antoja incalculable. Tienen que destinarse 40 mil habitaciones especiales de hotel, además de una Villa Olímpica con más de 20 mil plazas. Estadios, velódromos, piscinas, pistas de patinaje. Todo bajo requisitos específicos.

Eso sin contar los gastos de organización: inauguración, clausura, añadidos turísticos. A grandes rasgos, los gastos pueden ascender a 15 mil millones de dólares. No los junta como utilidad CEMEX en un año. Eso basado en cifras conservadoras, porque los gastos de los recientes Juegos Olímpicos alcanzaron los 20 mil millones de dólares.

Antes, los Juegos de Londres costaron 11 mil millones de dólares. Es sabido que la suma más elevada la tiene Pekín, que quizá por razones políticas, más que turísticas, gastó más de 45 mil millones de dólares. Cifra desorbita si las hay.

Es difícil predecir la derrama económica que recibirá a cambio la ciudad huésped. Pero los beneficios en patrocinios, taquilla, derechos de transmisión televisiva, entre otros, no garantizan ni siquiera la recuperación de la inversión inicial.

El turismo decrece el año de los juegos porque la gente suele evitar las aglomeraciones y las dificultades de alojamiento y circulación durante el evento. Los brasileños de Río perdieron estrepitosamente su dinero y es imposible que puedan recuperarse a largo plazo.

Los Juegos Olímpicos ya no son negocio. Quizá nunca lo han sido. Pero los empresarios de Nuevo León son novedosos de última hora y suelen montarse en el cabús del tren cuando ya está a punto de descarrilarse. Mejor pensemos en cómo reparar el Area Metropolitana que no ha levantado cabeza desde el huracán Alex, por culpa de la corrupción y la degeneración de la clase gobernante.