La Carpeta:
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No se debe jugar con el odio social, exacerbarlo no vale el intento. El odio social es como los odios infantiles, inescrutable y demoledor de la estabilidad, tan necesaria para mantener a una sociedad trabajando en paz, que al final es lo único que importa.
Carlos Chavarria
octubre 9, 2018, 12:02 pm
No se debe jugar con el odio social, exacerbarlo no vale el  intento. El odio social es como los odios infantiles, inescrutable y demoledor de la estabilidad, tan necesaria para mantener a una sociedad trabajando en paz, que al final es lo único que importa.

Si en una campaña electoral se vale acicatear la animosidad de una sociedad en contra de un adversario de ocasión, después de pasado el encuentro, se hace necesario apagar la hoguera del sospechosismo revanchista y retador, so pena de que el nuevo gobierno ante la natural frustración grupal, por un discurso prometedor que no se puede llevar a la acción y al resultado esperado, enciendan la llama del anarquismo y la violencia como respuesta.

López Mateos fue un gran orador y también creador de sueños incumplibles, cuando llegó a la silla tan codiciada tenía en su mano el corazón entero de un pueblo y bien pronto tuvo que empuñar el poder para reprimir las rebeldías que él mismo construyó con gran paciencia y cuidado.

Tanto se usó el discurso revolucionario y de libertad que tuvo éxito en crear esperanzas. La palabra esperanza posee una connotación pasiva que es la semilla de la frustración y el desencanto ante la realidad.

López Mateos se declaró un presidente de izquierda y con esa posición revivió la esperanza de que se cumpliría con todo lo prometido por la revolución, pero bien pronto tuvo que reprimir con violencia a la disidencia de la extrema izquierda que todo le  creyó.

Siempre rodean a los presidentes en las primeras órbitas a su alrededor, personajes singulares cuyo único propósito es  servir de caja de resonancia de las proclamas que lance  la presidencia, pero aderezadas con dardos verbales fustigantes; por más que mentirosos; diseñados para encrispar a las masas y conducirlos a la zona de aliados útiles dispuestos a todo.

Por ahí se la pasan medrando con el econo de la sociedad, construyendo con paciencia los caminos de la rabia y el descontento, que siempre algo le dejan a los individuos perversos.

Le dictan al presidente ejes semánticos atendiendo a sus visiones particulares que luego se convertirán en discurso. López Obrador recién anunció : “…a los conservadores reaccionarios les avisamos que siempre los vamos a rebasar por la izquierda”.

Flaco favor le haría a cualquier país un presidente cuyo estandarte sea la división y el encono de la sociedad por sus propios complejos clasistas. Reaccionarios, conservadores, amafiados, aliados, corruptos, izquierdistas, derechistas, progresistas, incluyentes, etc., y todos los calificativos que se les puedan ocurrir.

El presidente para trascender debe mantener su agenda mas allá de la que le impongan sus hoy aliados, que el tiempo los convertirá en sus enemigos consecuentadores primero, para luego transformarse en francos retadores  de su régimen para  sus fines políticos personales.