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Si acaso la maestra Lupita y mi amigo Azael ya habitaban este planeta, ¿pero los demás?
Francisco Tijerina
noviembre 27, 2018, 12:00 pm

“Cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón.” // Santiago Rusiñol i Prats

La verdad es que los diputados de la actual legislatura en Nuevo León no rebuznan más feo porque no alcanzan el tono.

Muestra clara de su frivolidad y ligereza mental está la propuesta aprobada ayer por mayoría de hacer un exhorto al Estado y Municipios de Nuevo León para que retiren el nombre del ex Presidente Gustavo Díaz Ordaz de calles, avenidas, escuelas y plazas.

El “argumento” de nuestros legisladores es que esos espacios no deben tener el nombre de Díaz Ordaz por ser el responsable de la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968.

¡Bonito caso!

Pero el detalle está en que la mayor parte de los aprobantes ni siquiera había nacido cuando esos hechos ocurrieron. ¿Búsqueda de justicia o ganas de pegarle al vivo?

Lo que no consideran nuestros “ocurrentes” diputados es que al modificar el nombre de una calle meten en un montón de problemas a personas e instituciones, a negocios y particulares, al tener que reponer desde una simple credencial de elector, hasta las cédulas de identificación fiscal de empresas, además de poner en riesgo operaciones de importación y exportación.

Si acaso la maestra Lupita y mi amigo Azael ya habitaban este planeta, ¿pero los demás?

Borrar el nombre de Díaz Ordaz no dará paz ni justicia, 50 años después, a los fallecidos y sus familias. Esconder la tierra debajo de la alfombra no la desaparece, simplemente hace que dejemos de verla y si no la vemos, con certeza volveremos a ensuciar, por eso creo que más que quitar, deberían mantener el nombre del expresidente para que los mexicanos jamás olvidemos lo que sucedió.

Pero el problema está en que tenemos a unos diputados folklóricos que de nueva cuenta dejan claro que legislan sobre lo que no conocen y que están en todo, menos en lo realmente importante para Nuevo León y sus habitantes.