La Carpeta:
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Que pena ver la forma en que un verdadero líder de la comunicación extravía el camino. Y lo peor es que no atino a acertar todavía en aras de qué.
Francisco Tijerina
octubre 19, 2018, 5:10 am

“Abandonar puede tener justificación; abandonarse, no la tiene jamás.” Emerson

La imagen, primero publicada en la página principal del sitio web de El Norte y después en interiores, del cadáver de un hombre ejecutado ayer en San Pedro Garza García, Nuevo León, derrumbado en el asiento de su vehículo y con los ojos abiertos, no tiene justificación periodística alguna y atenta contra los valores de los regiomontanos.

Sí, es la realidad de lo que sucede, pero esa cruda realidad no necesita ser difundida lastimado a familiares y amigos de quien, por cualquier motivo que haya ocurrido, ayer perdió la vida en un atentado a balazos.

El hecho podría haberse ilustrado de una y mil maneras, del modo en que quedó el vehículo que tras la agresión se impactó contra otro, con los vidrios destrozados, pero la imagen del hombre muerto ha sido un verdadero exceso.

Si en los periódicos policíacos de la mañana y la tarde siempre ha sido un exceso criticable, el ver esa imagen en el que se supone es el medio impreso más importante de Monterrey viene a ser un hecho que además de lamentable cambia por completo la perspectiva de las cosas.

Porque se rebasaron los límites, porque se acabó el trato digno a las víctimas, porque no hay consideración a las familias y amigos, porque no se toma en consideración que es un medio abierto al cual tienen acceso menores y por todo lo que usted le desee agregar.

Mantengo firme la lección que me dio un viejo periodista al preguntarle sobre la conveniencia o no de publicar una imagen similar: “¿La publicarías si fuese tu padre, hermano, hijo, familiar o amigo?”. La respuesta obvia fue no.

Pero lo realmente preocupante es que el agravio no es sólo en contra de los allegados, sino de toda la sociedad, porque la difusión de esa imagen significa una falta de respeto y consideración e implica que no importan los valores, sino el consumo del morbo y el mal gusto.

Que pena ver la forma en que un verdadero líder de la comunicación extravía el camino. Y lo peor es que no atino a acertar todavía en aras de qué.

No tiene justificación alguna.