La Carpeta:
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La inestabilidad que estamos viviendo la está creando este proceso electoral donde lo emblemático es él. Está emitiendo un discurso que dicta una política futura absurda y repleta de conflictos y bandazos.
Carlos Chavarria
mayo 18, 2018, 2:05 pm

El expresidente López Portillo en una de tantas entrevistas de banqueta, así como ahora le gusta mucho a López Obrador, pontificó que “la inflación tiene mucho de psicológico, suben los precios, es cierto, pero también los salarios y lo que importa es el balance”.

A los políticos encumbrados les seduce el micrófono, es como su realización compartirnos su sapiencia sobre muy diversos temas. Como por arte de magia se convierten en conocedores y expertos en  todo.

Recuerdo que el compañero fraterno de López Portillo, el otro que fue presidente, Echeverría, abusó tanto de su enorme habilidad para golpear las expectativas positivas de todo el mundo, que ya cuando trato de cambiar y parecer un poco más serio ya nadie le creía y cuando el presidente decía algo, sobre todo en materia económica, ya sabíamos todos que era al revés, que el presidente estaba avisando que algo malo pasaría.

Veamos lo que esta ocurriendo con el socialista López. Desde que publicitó su mentado Proyecto de Nación 2018-2024 quedó en evidencia que la mayor parte de su contenido no coincidía con el discurso acostumbrado de este señor.

En el documento de marras, no cancela el aeropuerto ni reforma alguna, menos la educativa. Ahora ya  metió en un berenjenal a su gente, a Tatiana, a Poncho Romo y a todos los que escribieron ese plan, porque se aventaron una presentación sintética del mismo –que por cierto tampoco le es fiel al documento original– donde vuelven a picarse con Taibo y sus congéneres estalinistas rabiosos, que a toda costa quieren meter a México en el socialismo del siglo XXI.

El conflicto se hace mayor porque el mismo López le dijo a los maestros anarquistas de Oaxaca que “él no tiene doble discurso, que cancelará la reforma educativa y es más, será su primera reforma mediante iniciativa preferente” cuando fuere entronizado como nuevo mesías de nuestras tierras.

Este señor siempre ha usado un doble discurso, eso ya no está en discusión, lo que preocupa es que no este consciente de que cada cosa que dice, el mundo entero la registra y crea expectativas con ello, casi todas negativas aquí y en en el extranjero.

La inestabilidad que estamos viviendo la está creando este proceso electoral donde lo emblemático es él. Está emitiendo un discurso que dicta una política futura absurda y repleta de conflictos y bandazos.

¿De verdad piensa López Obrador que los maestros de vocación, los que trabajan por nuestros hijos, desean volver a lamer las botas de un sindicato que era el dueño de todo dentro de la educación?

Todo su discurso le habla a un mexicano que ya no existe, a ese que no tenía dignidad, que esperaba que el gobierno y los “líderes” le resolvieran todo aunque fueran atropellados sus derechos. Eso es lo más corrupto.

Pero el mayor peligro es la ignorancia supina de un individuo que ni siquiera interpreta el papel que le toca como candidato, el de crear expectativas positivas para todo su auditorio y aunque no nos guste, para todo el mundo, porque somos parte de un mundo y no podemos aislarnos de él.

Un líder que no tiene la virtud de crear expectativas positivas en sus oyentes, al convertirse en presidente, será un desastre.

Aún López Portillo en una de las peores épocas de México, la que produjo Luis Echeverría con sus teorías económicas erradas, supo crear expectativas positivas con aquella “Alianza para la Producción”.

Incluso Salinas lo consiguió a pesar de todo, cuando unió al país en medio de la crisis económica usando el consenso social con los Pactos de Estabilidad y Crecimiento Económico.

Lo mismo hizo Zedillo para salvar el “Error de Diciembre de 1994”. Vaya, hasta Reagan tuvo éxito a pesar de que James Carter le dejó la casa batida en cuanto a  inflación y un crecimiento mediocre en los EEUU.

Ese es el trabajo más importante de un presidente. ¿Están siendo igual de capaces López Obrador, Anaya y Meade de crear expectativas positivas?