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Pero siempre será preferible ser emprendedor o político que llega con una herida original a ser esperma con suerte.
Eloy Garza
noviembre 22, 2018, 7:18 am

El concepto: “la herida original” fue acuñado en el año 2009 por el periodista de negocios de la BBC, Robert Peston. Explica que el éxito de todo buen emprendedor nato, así como de un político que arriba viejo a la punta de la pirámide del poder, se le marca en su rostro en forma de cicatrices por las mil y un batallas perdidas. El novelista Francis Scott Fitzgerald lo escribe con más estilo en El gran Gatsby: “La conducta puede fundarse en dura roca o en húmedos pantanos”.

Aquellos emprendedores o mandatarios que sufrieron heridas en su pasado, que batallaron a brazo partido, que son resilientes y fundaron su conducta en la dura roca y no en pantanos húmedos, pueden llegar a ser más exitosos que quienes por simple buena suerte arribaron al mundo de los negocios o del poder y no remaron a contracorriente.

La mayoría de los fundadores de grandes empresas, así como los políticos resistentes como AMLO, llegaron a la cumbre de sus aspiraciones bien entrada su madurez. El mejor publicista de todos los tiempos, David Ogilvy, solía contar que ninguna agencia de publicidad lo hubiera contratado porque a sus 38 años no tenía profesión y estaba desempleado. Ray Krok, el fundador de McDonald’s, tenía 50 años y estaba en el ocaso de su carrera cuando lo fichó la empresa de los arcos dorados.

A la pregunta de por qué inició su carrera como emprendedora en el ocaso de su vida, Mary Kay solía responder: “siendo ya una mujer madura y con venas varicosas, en realidad no tenía mucho tiempo para darle vueltas al asunto”.

Tanto Ogilvy como Krok y Kay, fueron miembros honrosos del “club de la herida original”. Igual AMLO quien, según él mismo, está “aflojado en terracería”. A diferencia de ellos, el rostro juvenil de muchos emprendedores y políticos en México no muestran esa herida. No tienen cicatrices ni rastros de esquirlas de guerra. Pueden hablar bien o ser muy grillos, pero hasta ahí.

Warren Buffet, el famoso inversionista, tiene una frase burlona que les cae como anillo al dedo: “son miembros del club del esperma con suerte”. Su cargo no se lo ganaron a pulso sino que lo recibieron de sus padres biológicos de quienes heredaron fortuna y empresas. Pero siempre será preferible ser emprendedor o político que llega con una herida original a ser esperma con suerte.