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Sí, gracias a los millones de candados que se ponen unos y otros, los debates terminan siendo el programa más aburrido de la televisión en México, tanto que le arrebatan ese lugar de honor que por años ha tenido “La Hora Nacional”.
Francisco Tijerina
abril 6, 2018, 8:47 am

 

“La Hora Nacional es tan emocionante, como bailar con una hermana.” // Yomero

 

Solo un evento cada seis años es capaz de arrancarle su puesto en el sótano del rating a “La Hora Nacional”: los debates presidenciales.

Y es que con la excepción de aquella ocasión en la que la modelo Julia Orayen les arrancó miradas lascivas a los aspirantes al pasar a entregarles sobres con su número en el sorteo, el formato que acuerdan los partidos es tan rígido y acartonado que terminan absolutamente inoculados, haciendo aquello como el agua: incolora, inodora e insípida.

Más que una guerra de ataques y contrataques, los debates deberían ser una plataforma de ideas y propuestas, sin espacio para que se tiren de madrazos porque eso lo hacen ellos y sus equipos todos los días, por arriba y debajo de la mesa, así que ir a hacerlo cara a cara no tiene mayor relevancia.

Otro instante de la historia con carga fue aquel debate que no fue debate, porque estaban debatiendo la manera, fecha, hora y lugar de dónde hacer el debate, cuando Fox pronunció su famoso: “Hoy, hoy, hoy” y AMLO salió con “Ya cállate chachalaca” y es que en este no hubo reglas, ni guión, ni acuerdos o formatos.

¿Por qué no pensar mejor en abrirles un espacio de una hora a cada uno en lo individual en donde de manera libre respondan a una batería de preguntas, para todos las mismas, sin sorpresas ni trampas, elaboradas por un equipo interdisciplinario con participación de todos los sectores de la sociedad, con un tiempo límite para producir sus emisiones a fin de que todos estén obligados a entregar sus materiales al mismo tiempo, con una producción a cargo de los propios equipos de campaña de cada candidato y en un formato prestablecido?

Lo anterior nos permitiría conocer las propuestas y visión de cada uno de ellos en función de los temas de interés nacional y no ver un show de interminables rondas de preguntas, respuestas, réplicas y contrarréplicas en donde gana el más atrevido, el más ocurrente, el más filoso o el más gandul, pero invariablemente perdemos los ciudadanos.

Sí, gracias a los millones de candados que se ponen unos y otros, los debates terminan siendo el programa más aburrido de la televisión en México, tanto que le arrebatan ese lugar de honor que por años ha tenido “La Hora Nacional”.