La Carpeta:
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Gabriel Zaid, deberías de ya saberlo, Federico, jamás hará una conversación pública, ni poética ni política. Eso sí lo supo muy bien en su momento Miguel Ángel Granados Chapa y Pedro Valtierra podría ahondar, de nuevo, en el conflicto.
Jose Jaime Ruiz
enero 9, 2019, 7:36 am

Lo que admiro de Federico Arreola es su aventura: no dispone, propone. No ejecuta, implica. No ordena, desordena. Activista, ha participado con los mejores personajes, así sea Luis Donaldo Colosio o Andrés Manuel López Obrador. En la biografía del poder o de la rebeldía, Federico ha sido actor principal en la juventud o vejez de los sexenios. Por eso, de las páginas que edita, disentir con él es privilegio.

Vayamos al asunto.

1.-“Lo que sea, la guerra contra el huachicol Andrés Manuel la ganará más fácilmente no solo con el apoyo del 53% de la población que le dio su voto: necesita, si no la letaltad (sic), al menos la compresión (sic) del otro 43% de la sociedad mexicana, ahora mismo muy probablemente en contra del proyecto político de la cuarta transformación como una consecuencia lógica de la brutal campaña mediática contra AMLO, evidentemente financiada con cuantiosos recursos –ningún presidente había sido tan atacado en los espacios periodísticos como López Obrador.”

Federico se abstiene, debe tener información, de señalar los cuantiosos recursos contra la brutal campaña en contra de Andrés Manuel. Esos recursos saldrán a flote, siempre salen, en la publicidad a medios de comunicación establecidos, su incremento, porque difícilmente podrán hacerlo en efectivo y con maletas. Haré un mal comentario: “Dime la publicidad que tienes y veré la antipropaganda contra Andrés Manuel que publicas”.

2.- “Para lograr de una manera rápida y eficaz la comprensión de ese 43%, Andrés necesita sentarse a dialogar con el líder intelectual de esa casi mitad de nuestra sociedad, Enrique Krauze. Y, si me permitieran ambos la sugerencia, si se reunieran –sería ideal que el encuentro entre ellos se hiciera público–, creo que debería participar también un intelectual extraordinario, amigo de Enrique –que me consta, es un gran amigo de sus amigos, exactamente como Andrés Manivel–, Gabriel Zaid, de quien ha tomado el presidente de México la base teórica de algunos de sus programas sociales. Carlos Urzúa, el secretario de Hacienda, debe entender a la perfección a qué me refiero.”

Enrique Krauze puede tener la representatividad de los empresarios, pero no de las urnas ni de la sociedad. Su gran revista, Letras Libres, no está hecha para el ciudadano ni el consumidor, está hecha para la elite. ¿Cómo puede sentarse públicamente el representativo Andrés Manuel con quien nada o poco representa como Enrique para resolver uno o varios o todos los problemas del país? Krauze poco representa y, en todo caso, como él mismo lo ha afirmado, los intelectuales están para criticar, no para gobernar. Por lo demás, Federico, ese 43% de la sociedad, casi lo apuesto, desconoce quién es Krauze. Entonces, ¿ese 43 significa poderes fácticos, no votantes?

Gabriel Zaid, deberías de ya saberlo, Federico, jamás hará una conversación pública, ni poética ni política. Eso sí lo supo muy bien en su momento Miguel Ángel Granados Chapa y Pedro Valtierra podría ahondar, de nuevo, en el conflicto.

3.- “Enrique Krauze dio un paso importante para invitar a Andrés Manuel López Obrador al diálogo: no solo leyó, sino que analizó con gran cuidado prácticamente todo lo escrito por el presidente de México antes de redactar un largo ensayo ya publicado en Letras Libres: ‘El presidente historiador’. Aunque Krauze no está de acuerdo con Andrés Manuel –tampoco es un ensayo escrito desde la mala fe: de hecho es más lo que Krauze, historiador profesional, reconoce de la amplia cultura histórica de AMLO–, lo cierto es que debe ser considerado el más importante texto crítico sobre la obra de López Obrador. Mayor reconocimiento a un autor no puede haber ni, tampoco, recibirá jamás Andrés una invitación al diálogo con mayor nivel intelectual.”

Es cierto Federico, luego volveré sobre la conclusión de Krauze sobre Andrés Manuel en su reseña más ideológica que crítica. Por principio de cuentas, un historiador no puede joderse a un no-historiador. Los políticos, lo sabemos desde La guerra de las Galias de Cayo Julio César, hacen libros como propaganda política, no son ni Suetonio ni Tácito, menos Gibbon, a quien tanto admiraba Octavio Paz. De profesionales a profesionales, ¿quién es Enrique, quién Andrés Manuel?