La Carpeta:
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Esas comisiones deberán juzgar a los funcionarios que pretendan contratar a sus amigochos reputados como especialistas y mediante exámenes de oposición descartar a los que no cumplan con estándares mínimos de conocimiento y experiencia en cada campo de especilalidad.
Carlos Chavarria
mayo 17, 2018, 1:21 pm

Hasta ahora hemos usado y nos gusta, una definición de la corrupción demasiado estrecha y acomodada al hecho de robar o desviar dinero público para sacar ventajas privadas, sean de los funcionarios o sus siempre necesarios socios en la sociedad civil. Habiendo voluntad es fácil acabar con este tipo de corrupción usando las tecnologías de la información.

Pero ¿qué hay con todos aquellos “compadres de Tobi” que se metieron a la tómbola de los partidos siendo ignorantes de trofeo de aquellas áreas de la función pública que les tocó en suerte gestionar?

Tan pronto llegan a sus posiciones y se traen a más compadres y amigos que a su vez tampoco saben nada de nada y se la pasan inventando “programas”, pues así les llaman, nada más para taparle el ojo al macho y decir que están trabajando, pero lo que están haciendo en realidad es gastar los recursos del gobierno y, lo más valioso, el tiempo.

Los problemas crecen y se agudizan y ante la presión pública siempre deciden consultar a “expertos” que a su vez fundaron empresas a modo y que tampoco conocen de los temas en cuestión y se siguen gastando más recursos y los problemas se hacen más grandes.

Ninguno de estos engendros cae en la definción de corrupción en cualquiera de sus tipificaciones “legales”, pues no desviaron recursos, tampoco extorsionaron a nadie, etcétera.

El caso más a la vista es el de los cínicos alcaldes que están optando por la reelección y que invirtieron miles de millones de pesos en la repavimentación de nuestras calles, hicieron cientos de eventos para mostrar su efectividad y en la primera lluvia ya están igual.

Otro ejemplo repugnante es el de los “expertos urbanistas” en desarrollo de ciudades que están calladitos viendo cómo los propietarios de las tierras (sus patrones en realidad) en total complicidad con los funcionarios de turno emprobleman más a la ciudad en aras de la libre empresa y la propiedad privada, olvidando la rentabilidad social sí debe estar en la balanza.

La lista de improvisados puede continuar con el transporte urbano, el Metro, agua y drenaje, control ambiental, seguridad, etc.

Ninguno de estos personajes resulta ser corrupto de acuerdo con lo acostumbrado y más aún quieren reelegirse y vuelven por sus fueros para hacer mas daño.

Ya es del todo necesario que se implementen modelos de gestión diferentes donde los ciudadanos integren “comisiones realmente e-j-e-c-u-t-i-v-a-s” que puedan despedir a los falsos especialistas si no cumplen sus objetivos, que deberan ser medidos mediante indicadores irrebatibles y no con encuestas ranfleras de las ONG´s.

Esas comisiones deberán juzgar a los funcionarios que pretendan contratar a sus amigochos reputados como especialistas y mediante exámenes de oposición descartar a los que no cumplan con estándares mínimos de conocimiento y experiencia en cada campo de especilalidad.