La Carpeta:
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Poncho va perdiendo una a una sus batallas al interior de la Cuarta Transformación. Y no aprende a hacer ganado lo perdido. Ya lo escribió Milan Kundera: “La vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”.
Jose Jaime Ruiz
noviembre 11, 2018, 3:57 pm

Para el analista Salvador García Soto (El Universal): “Y si a Romo, tras perder con Texcoco, lo compensaron al entregarle parte de los nombramientos de organismos públicos, como la CNByV, veremos qué sucede con Monreal y la jugada de las comisiones…”.

En realidad Alfonso Romo Garza tiene menos peso de lo que se le asigna, gravita mal. Su levedad es ya manifiesta en el gabinete próximo donde pesan más otros personajes. La “compensación” es menor, mucho menor a la derrota de Romo con Texcoco.

Lo leímos en la columna “Templo Mayor” de Reforma: “EL EMPRESARIO Alfonso Romo fue el gran perdedor en el equipo de Andrés Manuel López Obrador con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Y es que tanto en la campaña como en la transición, fue el enlace con la iniciativa privada y, sobre todo, la voz que daba tranquilidad a los inversionistas en medio de la estridencia de otros colaboradores del tabasqueño.

“EL NOMBRAMIENTO del regiomontano como futuro jefe de la Oficina de la Presidencia, parecía indicar que AMLO favorecía su visión moderada. Inclusive, el propio Romo aseguró el 3 de octubre, en el foro de Grupo Financiero Santander, que la dizque consulta no iba a dar marcha atrás al NAIM”.

Derrota mayor, compensación menor. ¿Quiénes? ¿Acaso Adalberto Palma en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores? ¿Eugenio Nájera Solórzano en Nacional Financiera, así como del Banco Nacional de Comercio Exterior?

Le fue mucho mejor a Jorge Mendoza Sánchez, director general del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, así como de la Sociedad Hipotecaria Federal, quien es hijo de Jorge Mendoza, el avezado publirrelacionista del sector televisión y radio y comprometido histórica y orgánicamente con Ricardo Salinas Pliego.

Poncho va perdiendo una a una sus batallas al interior de la Cuarta Transformación. Y no aprende a hacer ganado lo perdido. Ya lo escribió Milan Kundera: “La vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”.