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Aislado del círculo cercano de Peña, responsable de apagar las marchas y manifestaciones populares que cada vez estrangulan más al país, Osorio Chong está en el peor de los atolladeros.
Eloy Garza
agosto 16, 2016, 6:35 am

eloy-nuevo

El gabinete de Peña Nieto comenzó como una feria de vanidades y termina como riña campal. Aurelio Niño dice a sus íntimos que el primero que inició el fuego amigo fue Miguel Osorio Chong. Le montó a la CNTE al Secretario de Educación y luego se le fue de las manos el control de los maestros alebrestados al Secretario de Gobernación.

Contra la línea del Presidente, Osorio Chong se fue por la libre y quiso descarrilar el proyecto de Nuño para ser el sucesor de Peña.

Tan seguro se sentía Chong de lograrlo, que ya su mira la tenía ahora puesta contra Margarita Zavala, quien seguramente se quedará con la candidatura presidencial del PAN.

Pero Osorio Chong calculó mal sus planes. Se ganó la animadversión del gabinete completo de Peña Nieto. Luego intentó acercar a su séquito a Manlio Fabio Beltrones, quien un día amanece como disidente y se duerme como incondicional del Primer Mandatario.

El plan que trazaron ambos de reunirse recientemente con algunos diputados federales actuales y de anteriores legislaturas del PRI para marcarle un alto al Presidente en su intención de promover a Nuño se frustró casi en el último momento. Simplemente Manlio no se atrevió a dar el arriesgado paso.

Aislado del círculo cercano de Peña, responsable de apagar las marchas y manifestaciones populares que cada vez estrangulan más al país, Osorio Chong está en el peor de los atolladeros.

Ni siquiera su promoción personal en encuestas de opinión a modo, le servirá para posicionarse en el ánimo del Presidente. Menos en la opinión pública.

Y en esa encrucijada, la gobernabilidad del país empeora cada día. Lo que falta es más sentido de Estado y menos ambiciones personales.