La Carpeta:
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Lo cierto es que cualquier hombre con poder absoluto pierde sus razonamientos originarios y su honestidad intelectual cuando el control del riesgo país se convierte nada más en un asunto de riesgo moral y nada existe para controlarlo.
Carlos Chavarria
septiembre 11, 2018, 12:33 pm

Ya se ha repetido hasta el cansancio que en un régimen democrático es necesario que exista un sistema de contrapesos que impida que alguno de los poderes, por su relevancia el Ejecutivo, se mueva en contra de la norma constitucional.

Por antonomasia los poderes punteros –por llamarlos de alguna manera– han sido el Ejecutivo y el Legislativo. El Poder Ejecutivo esta obligado a moverse dentro de lo que marcan las leyes, mientras el Legislativo es un espacio para desarrollarlas y de ocurrencia de la negociación política.

Podemos asegurar que hasta el año 2000 el presidente de México hacía como que negociaba con el Poder Legislativo pero la realidad es que la hegemonía del PRI convertía a la oposición en títeres a modo.

En el corto período de la alternancia del 2000 al 2018, ningún partido tuvo mayoría relativa ni absoluta en las cámaras federales y un fenómeno similar  ocurría en los estados.

Por los doce años que corresponden a Fox y Calderón el Poder Legislativo oposicionista integrado por minorías pararon todas las reformas estructurales que plantearon ambos presidentes y a regañadientes dejaron pasar algunos acuerdos que no resolvieron el estancamiento en temas tan trascendentales como el energético, el judicial y la seguridad interior, y el económico.

¿Se puede decir que el contrapeso al Ejecutivo representado por el Poder Legislativo funcionó? Para ellos quizás sí, para el país, no. No funcionó porque nunca sabremos qué era mejor entre lo que proponía el Ejecutivo y lo que el Legislativo operó que resultó en más parálisis para la economía.

Como por arte de magia, Peña Nieto logró muy pronto la unidad casi de mayoría absoluta con lo que llamó el “Pacto por México” y logró la aprobación de las nueve reformas estructurales centrales de su mandato.

¿Ahora si funcionó el contrapeso? Según Peña, en un inusitado evento de conciencia patriótica legislativa, el Congreso le aprobó casi todo lo que su administración propuso. Según el beneficio para el país, lo sabremos hasta que pase el tiempo y veamos si mejora la condición de atraso económico en la que estamos estancados. La fe no es mucha.

A partir  del 1 de septiembre el país se rige por una mayoría legislativa del partido del presidente electo, igual como en la época del partidazo tantas veces vilipendiado. No habrá, por la menos tres años, contrapesos legislativos que formen alguna oposición efectiva a las iniciativas del presidente López.

Si funcionará o no un gobierno con poder absoluto, como en los tiempos del viejo PRI, es un riesgo que no se tenía por qué correr, pero un electorado sin memoria así lo decidió.

Lo cierto es que cualquier hombre con poder absoluto pierde sus razonamientos originarios  y su honestidad intelectual cuando el control del  riesgo país se convierte nada más en un asunto de riesgo moral y nada existe para controlarlo.

Estaremos a expensas de que una sola persona decida o no hacerle daño a un país con sus ocurrencias reivindicatorias y programas mágicos para cambiar el estado de cosas a contrapelo de la realidad imperante.

De lo  poco que se ha visto hasta ahora de una mayoría legislativa de Morena es que tendrán que concentrarse mucho en contener a todos los rabiosos anarquistas enquistados, que por supuesto que desean hacerle daño a México como respuesta a su resentimiento histórico, como el tal Fernández Noroña y al ahora callado Taibo II.