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Por eso nadie debe darse por vencido antes de la contienda, nadie debe renunciar a votar por el candidato de su preferencia, mienten quienes les digan que ya saben quién va a ganar, como pretende Vicente Fox.
Staff
junio 23, 2012, 10:28 am

Silvia Gómez Tagle

Investigadora del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México
EL UNIVERSAL

A sólo siete días del primero de julio, a pesar de que les pese a muchos, el resultado de la elección presidencial no está definido. Las “encuestas” que presentan diversos medios pueden ser un indicador de tendencias, pero en ningún caso deben verse como un resultado definitivo.

Puedo afirmar que las casas encuestadoras han utilizado muestras de entre mil y mil 500 casos, concentrados en aproximadamente 100 secciones electorales y no han seguido una metodología rigurosa que permita garantizar la aleatoriedad de su muestra. En estas condiciones es falso que puedan estimar el “margen de error” o la “representatividad” de sus encuestas. En cambio, la encuesta realizada por Berumen y Asociados para el Observatorio Universitario Electoral (OUE), que fue presentada la semana pasada, no solamente se hizo con una muestra de más del doble de tamaño, que dio por resultado 3 mil entrevistas, sino que se observaron los requisitos de un diseño aleatorio riguroso, con una amplia dispersión de los casos en toda la República. Este método supone que no se escogen los entrevistados por cuotas de edad o de género, y que los domicilios y las personas, seleccionados aleatoriamente, no se sustituyen por otro “similar”.

Los resultados de la encuesta del OUE, levantada entre el 31 de mayo y el 6 de junio, y otras encuestas que se hicieron en ese momento, fueron similares en términos de preferencia electoral. Sin embargo, lo que las otras encuestas no han dicho es la dispersión de cada una de las variables estudiadas, de lo que se desprende el margen de error: a mayor dispersión, mayor margen de error. Pero este asunto fue mal interpretado por algunos comentaristas de los medios quienes mostraron su ignorancia o su mala fe, al intentar desacreditar una encuesta que presentó una interpretación distinta de los datos.

Y es que, ante la prohibición de contratar publicidad pagada, las encuestas se han convertido en el instrumento de propaganda que usan en forma tendenciosa los comentaristas de programas de noticias o de debate, quienes repiten resultados favorables a EPN en forma cotidiana, sin explicar las características de las metodologías usadas.

En cambio la encuesta de Berumen del OUE permite conocer otras asociaciones importantes entre variables. Por ejemplo, la diferencia entre el voto rural, que se inclina por el candidato del PRI, mientras que en el urbano hay un empate entre AMLO y EPN; y también muestra que la candidata del PAN queda en tercer lugar en ambos escenarios. O bien, la gran diferencia entre los ciudadanos que sólo se informan a través de la televisión, y aquellos que tienen acceso a otros medios como la prensa, el internet o relaciones personales (información boca a boca); los ciudadanos más informados tienen más simpatía por el candidato de las izquierdas, mientras que los que sólo ven televisión se inclinan por EPN.

Es alentador descubrir que los más jóvenes se inclinan por la izquierda; pero si la información se analiza por género, resulta decepcionante que sean las mujeres de todas las edades quienes prefieren a EPN.

Pero la pregunta que más me llamó la atención tiene que ver con lo que desean para el futuro cercano de México los entrevistados: 1. Que el PRI regrese al gobierno 31%, hombre y mujeres. 2. Que el PAN continúe en el gobierno, 16% hombres y 19% mujeres. 3. Que gobierne una opción distinta a las dos anteriores, 42% hombres, 34% mujeres. 4. No sabe, no responde 10% hombres y 15% mujeres. Muchos más mexicanos queremos un cambio, no un regreso al pasado, aún cuando muchos no habían definido su preferencia por una opción electoral a principios de junio. Sin embargo, es muy posible que para la próxima semana ese 25 % de los votantes potenciales ya tenga una preferencia definida.. y ojalá sea una opción de cambio.

Por eso nadie debe darse por vencido antes de la contienda, nadie debe renunciar a votar por el candidato de su preferencia, mienten quienes les digan que ya saben quién va a ganar, como pretende Vicente Fox. Pero sea quien sea el candidato que gane la presidencia, aún si nos toca el regreso a un partido que sufrimos setenta años en el siglo XX, debemos defender la pluralidad en el Poder Legislativo, votando por las opciones de la izquierda que pueden representar un cambio.

sgomez@colmex.mx