La Carpeta:
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Cuando la verdad se empiece a mezclar con la circunstancia y posibilidades discursivas empezará la resaca y el ciclo iniciará de nuevo vigoroso impulsando más este derrotero sin sentido de nuestra historia.
Carlos Chavarria
julio 6, 2018, 9:11 am

Si algo estuvo ausente en estos procesos electorales fue la moralidad. Como en otros campos de la actividad social, los procesos de campaña no escaparon al uso de  las tecnologías de información.

Cada fuerza en la contienda usó hasta donde le dio oportunidad su imaginación para comunicar en apoyo de sus propósitos electorales. Claro que la conciencia fue la que menos participación activa tuvo en las decisiones divulgativas.

En una sociedad como la actual, que lee muy poco y analiza menos, que muestra una gran pereza por el análisis comparativo riguroso de la información que recibe, fue tierra fértil para inducir al pensamiento colectivo en direcciones sorprendentes e inéditas.

No se respetó ningún imperativo moral y mucho menos alguna regla en el uso de la informática colectiva, porque es tierra de nadie.

Se construyeron tesis antípodas donde no existen y se ofrecieron a los dioses que reinan sobre lo efímero para calmar el hastío cotidiano de la vida. Se confrontó a lo existente con todo el ruido posible para distraer, no para saber.

A bien pocos días de ocurrido el clímax  y aún con el confeti  entre los ojos se empieza a develar que todos mintieron en esta gran parodia que solo es para continuar la juerga en paz.

Todos ahora calculan y miden sus palabras y sus efectos, todos hablan de unidad  y paciencia, pero denotan preocupación al saber que los ciudadanos esperan mucho más de lo que las promesas sembraron.

Cuando la verdad se empiece a mezclar con la circunstancia y posibilidades discursivas empezará la resaca y el ciclo iniciará de nuevo vigoroso impulsando más este derrotero sin sentido de nuestra historia.

Vamos a ver entonces hasta donde alcanzará la “gran reserva moral” que uno de los candidatos tanto preconizó como el pilar de la dignidad que sostiene este país.

La justicia que ha comenzado por decir: “todo puede ser pagado, todo debe ser pagado”, es una justicia que termina por cerrar los ojos y por dejar escapar al insolvente; termina, como todo lo excelente en el mundo, “por destruirse a si misma” (Genealogía de la moral, Nietzche)

 Mientras tanto seguiremos perdidos en medio de la inmoralidad y banalidad política.