La Carpeta:
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Lo que quiere Andrés Manuel es un par de tertulias. Con té y galletitas. Sin debates, porque él no tiene capacidad para mantener un debate serio. ¿En dónde queda la confrontación de ideas, programas, posturas, perfiles, decencias y compromisos?
FELIX CORTES CAMARILLO
marzo 13, 2018, 7:46 am

Mientras Lupe daba al niño su mamila,

                doña Cleta pidió una botella a Celia,

                nos formó a los de confianza dos en fila

                y brindamos con charanda de Morelia.

                La Tertulia, Chava Flores.

Quinto Septimio Florencio, en la Roma del siglo tercero, adquirió el nombre de Tertuliano por la simple razón de que su verbo, su oratoria, su entusiasmo y su emoción  eran tres  veces mejores que las de Marco Tulio Cicerón, el orador por excelencia. Tres=tertuliano.

Cuando en el siglo XVII Europa comenzó a voltear la cabeza a la Grecia tradicional, inició la más importante transformación cultural que condujo a lo que hoy llamamos Renacimiento. La filosofía griega, su pintura, escultura, arte, ética y estética invadieron Europa y en consecuencia al mundo entero, gracias a Cristóbal Colón y amigos que le acompañaron.

En el Renacimiento, en lo religioso, surgieron Martín Lutero y Jan Hus. Los reformistas e iniciadores de las iglesias pentecostales, que llamamos protestantes. Entre otros fenómenos de esa época de recuperación del pasado aparecieron nombres como William Shakespeare, Leonardo da Vinci, Michelangelo Buonarroti  y Miguel de Cervantes Saavedra, entre muchos otros.

Al mismo tiempo, la sociedad renacentista de Europa redescubrió, en un tono light, los diálogos platónicos. Estos habían sido  discusiones intensas sobre los principios de la política, la ética y la estética de la Grecia antigua. El Renacimiento los transformó en tertulias, que eran, simplemente, como siguen siendo hoy en todas nuestras familias, una reunión en la que se platican cosas sobre temas que están de moda, y todo mundo sale contento.

El debate es otra cosa. Su misma etimología llama a la lucha. Un bate es un bate, en el beisbol y en la política: Es para golpear. Lo cual no debe asustar a nadie. La política es un juego de poder, rudo, implacable y cruel.

Por eso me sorprende que haya tan agresivos participantes en la contienda política mexicana que le saquen al parche de los debates. Concretamente, Andrés Manuel López Obrador. Ahora resulta que don Andrés solamente participará en los debates descafeinados, anodinos, aburridos y predirigidos que organizará y legitimará el INE.

Lo único importante es que si hubiera debates de los candidatos presidenciales en serio, las encuestas se van por un tubo.

Lo que quiere Andrés Manuel es un par de tertulias. Con té y galletitas. Sin debates, porque él no tiene capacidad para mantener un debate serio. ¿En dónde queda la confrontación de ideas, programas, posturas, perfiles, decencias y compromisos?

En la tertulia.

PILÓN.- Que un orate como Donald Trump le diga al Presidente de México “Estás loco” en una conversación telefónica cuando Peña le pedía —supuestamente— que dijera en público que México no iba a pagar por el muro famoso, es muy ofensivo. En la manera del hablar de los gringos no parecería tan grave. Para los mexicanos, es ofensivo que nos tengamos que enterar de cómo, desde Washington, le hablan al Presidente de México, hasta que el ofensor decide revelarlo.