La Carpeta:
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Hoy se somete a juicio nuestra altura como pueblo. Tendremos que elegir entre la mediocridad y la codicia. Entre permanecer o regresar.
Carlos Chavarria
junio 30, 2018, 11:55 am

La flamante vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, y la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, están emparentadas por la misma fuerza, la mediocridad inspirada en el resentimiento. Todos tenemos el derecho a la privacidad y guardar en nuestros corazones lo que demande nuestra especial circunstancia, incluso, aunque parezca aberrante, podemos disponer de certidumbres inmediatas derivadas del “yo pienso”, pero usar eso para justificar nuestras perversiones no solo es primitivo sino malo.

El discurso justificatorio de la Sra. Rodríguez es un ejemplo nítido de la perversidad desde el poder, su tesis es, cito: “La revolución es nuestra venganza por la muerte de nuestro padre y sus verdugos. Es la oportunidad de demostrar lo profundamente humano que es el socialismo. No hay odio”. Fin de la cita.

Olvida la Sra. Rodríguez que las revoluciones son para mejorar y no para cumplir venganzas de ninguna especie. Como tampoco el socialismo al estilo venezolano chavista es “profundamente humano”, pues no siquiera tiene forma socialista excepto en su carácter confiscatorio y represor al mejor estilo estalinista.

“Cada pueblo tiene su propia hipocresía, y, la llama su virtud. No conoce sus mejores cualidades, no puede conocerlas”, Federico Nietzsche.

La amenaza de la Sra. Polevnsky de apoyarse en el diablo para arreglar un posible fraude electoral en contra de Morena, que solo ellos ven, es un ejemplo de la manera en que usarán el poder bajo la retórica del socialismo según su leal saber y entender.

Fraude es creer que uno es capaz de lograr lo que no sabe ni puede, y Morena y sus seguidores carecen de los atributos necesarios para gestionar el poder público en nuestro país.

Fraude es decir una cosa y hacer otra. Fraude es manipular o intentar manipular la opinión pública mediante medias verdades y ofertas imposibles de cumplir. Fraude es lo que están ofreciendo ellos y todos y los candidatos en pugna.

El diablo es una figura real  y Morena, según parece,  la tiene a su servicio para la oportunidad que se les antoje. Las palabras de la “líder” de Morena son premonitorias y sacarían al diablo a las calles cuantas veces lo necesiten, tal y como lo hizo el PRI que tanto añora López Obrador.

No hay mas remedio que aguantarse cuando un pueblo que sufre y “quiere” sufrir de la fiebre nacional y de las ambiciones políticas ve pasar por su espíritu nubes y perturbaciones diversas, en una palabra, excesos de embrutecimiento.

Terrible siempre será cuando se instaura la medianía intelectual y la mediocridad moral en el poder público. La nobleza se convierte en un estorbo y los valores no son sino retórica útil en el momento.

La historia que estamos registrando no es sino la repetición de nuestros peores momentos, aquellos posteriores a la lucha de independencia, cuando por casi 100 años no acertamos a fijarnos un rumbo, cualquiera, pero que fuera posible y convirtiera a México en un país de leyes e instituciones.

Aquellos momentos cuando Cárdenas dividió al país en su afán tardío de llevar al México de su época hacia el socialismo de moda y se topó con piedra.

Las palabras de la líder de Morena destilan el mismo odio que inspiró a Díaz Ordaz para sacar el ejército a las calles y descargar toda su furia justiciera para “salvar a la patria” al decir de sus palabras increíbles ante la amenaza comunista.

La señora  ni siquiera se percata que no es sino un títere más del encono irracional que reproduce como si deseara convertirse en portavoz de la desgracia, ese es su papel, ese sera su pago que la historia le concederá.

Hoy se somete a juicio nuestra altura como pueblo. Tendremos que elegir entre la mediocridad y la codicia. Entre permanecer o regresar.

La democracia no sirve cuando la dignidad está solo del lado del elector mientras que en el lado de los posibles gobernantes solo esta la estulticia.