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Mala cosa para el país que en lugar de concentrar todo el esfuerzo de la sociedad en el crecimiento económico y la lucha contra la drogadicción y la violencia asociada, se pretenda mantener vivo los discursos inviables de las campañas.
Carlos Chavarria
julio 12, 2018, 10:05 am

Desde el inició de la formación de su movimiento era claro que temprano que tarde el ahora presidente López enfrentaría el pantano de las contradicciones, habida cuenta de la división maniquea de su discurso y método entre buenos y malos.

Entre pueblo bueno y sociedad civil mala, entre empresario mafioso y empresario progresista, entre corruptos e impolutos, y según fuera el auditorio él decidiría de que lado quedaba cada uno de los personajes y circunstancias imperantes en su discurso y en los medios de comunicación de cada momento.

Su documento que contiene su proyecto de nación no tiene fondo rupturista, pero tampoco es innovador o creativo. Presenta el punto de vista de los autores anónimos por los cuáles Alfonso Romo carga todo el costo y consecuencias de su autoría.

AMLO anunció su intención de enviar las primeras 13 reformas a leyes y a la Constitución, reformas que según su proyecto no enviaría pues trabajaría con el marco jurídico actual, para empujar su discurso de campaña.

A reserva de leer sus iniciativas cuando las enviare al Congreso, dos son las preocupantes, pues hacen referencia al talento. La primera tiene que ver con todos los sueldos de los funcionarios y mandos intermedios del gobierno y sus dependencias y, la segunda, con la garantía de la educación superior para todos los mexicanos.

La campaña ya terminó y el electorado le ha dado todo el poder a AMLO y ahora enfrenta la primera gran contradicción; no existen recursos para realizar sus proyectos sociales y de infraestructura, y se lanza en pos de encontrarlos con sus teorías económicas cuentachiles asumiendo que reduciendo salarios y prestaciones para los ejecutivos del gobierno se hará con los suficiente para al menos los programas de ancianos y jóvenes y demás.

Es contradictorio también el querer ahorrar en un rubro y tratar, como son los gastos de administración, y al mismo tiempo plantear el proyecto de reubicación de todas las dependencias federales a otros lugares de la república, simple y sencillo, no cuadra.

La tesis de AMLO es que nadie debe ganar más que el presidente y eso suena muy “racional” desde la óptica política discursiva, pero es profundo engaño a sí mismo y a todos.

Es muy dudoso que encuentre un director general de Pemex o de cualquier otra dependencia, que esté capacitado y dispuesto a arriesgar su capital profesional y su libertad por un sueldo de 80 al mes. Claro que siempre encontrará generalistas sabelotodo que estarán más que dispuestos a “sacrificarse por la patria” y seguirle a él la corriente, incluso sin sueldo, como ocurría allá en las épocas del partidazo.

La garantía de la educación superior va en la línea, según su discurso electoral, de crear 100 universidades públicas adicionales a las que ya existen y no en el camino de la excelencia educativa que él asume como discriminatoria.

También puede ser una oportunidad para inversionistas interesados en la educación como negocio, tal como Alfonso Romo y otros, administren las subvenciones que el gobierno otorgará a los 3 millones de jóvenes para la educación dual, escuela–empresa.

Es bien sabido que lo necesario en el país es la educación técnica de alto nivel y no la de fábricas de profesionistas mediocres. Pero de alguna manera al Estado le sirve. como sirvió en su momento al viejo régimen, mantener ocupados y a su servicio, a 3 ó 4 millones de jóvenes por 5 ó mas  años en aulas sin futuro profesional en lugar de convertirse en más ninis no controlables.

Mala cosa para el país que en lugar de concentrar todo el esfuerzo de la sociedad en el crecimiento económico y la lucha contra la drogadicción y la violencia asociada, se pretenda mantener vivo los discursos inviables de las campañas.