La Carpeta:
1 de 10
 
La idea no es original. En esta y muchas otras columnas se ha hecho mención a ella, especialmente sucedió a raíz de los sismos de 1985, cuando la idea de abandonar el valle de Anáhuac era muy favorecida por todos nosotros los asustados.
FELIX CORTES CAMARILLO
diciembre 14, 2017, 9:41 am

Lejos de ti, la vida es un martirio

                sin alegría, sin luz; es la existencia cruel, loco delirio

                Porque me faltas tú, porque me faltas tú, porque me faltas tú

                Manuel María Ponce, Lejos de ti.

Iluso tal vez de que la resonancia guadalupana le arropara en su discurso, Andrés Manuel produjo su decálogo que viene siendo más un instrumento de propaganda electorera que un programa de trabajo o plan de gobierno. Enunciado el día de la Virgen Morena, su Morena no podía escoger mejor marco escénico, como lo fue en un momento dado el Monumento a la Revolución. Pero hay que ponerle atención a ese discurso, así sea conceptualmente pobre. Las tablas de la ley de este Moisés persistente contienen dos cargas de paja desechable. La primera, un discurso machacón sobre el Estado de derecho, la lucha contra la corrupción y el absurdo y alarmante anuncio de que —previa consulta con las víctimas— daría amnistía a los delincuentes graves, los narcotraficantes. La segunda es el peligroso anzuelo del dinero. El supuesto presidente López Obrador repartirá a manos llenas dinero. A los pobres, a los viejos, a los ninis, a los estudiantes, a todo el mundo. A los viejos les doblará la miserable pensión de 600 pesos al día. A los estudiantes, todos, de enseñanza media superior se les becará. A los que ni estudian ni trabajan —ellos sabrán por qué— les dará un estipendio de tres mil 300 pesos para que se metan de aprendices de algo; ya encontrará el tabasqueño fábricas y empresas que quieran admitirlos.

La compra de votos no es nada nuevo. Lo novedoso, acaso, es que el pago no es de inmediato; aun así, hay mexicanos que seguirían confiando en la promesa. Cuando cobre el pagaré, el pagaré, dice la canción. Me sorprende que envuelta en tanta demagogia pueda darse una idea coherente, la de la descentralización de las instituciones de gobierno.

La idea no es original. En esta y muchas otras columnas se ha hecho mención a ella, especialmente sucedió a raíz de los sismos de 1985, cuando la idea de abandonar el valle de Anáhuac era muy favorecida por todos nosotros los asustados.

Pero además de añeja, la propuesta tiene miga de razón. ¿Qué carajos tiene que hacer en la capital de la República la Secretaría de Agricultura, el Departamento de Pesca, la Secretaría de Turismo, la Comisión del Agua o tantas otras dependencias federales? Lo único que tienen que hacer es multiplicar la burocracia, congestionar una ciudad que no puede —ni podrá nunca— darle servicios suficientes y eficientes.

Las únicas dependencias que acaso debieran estar en la CDMX serían, por protocolo, la Presidencia de la República, la Secretaría de Gobernación y la de Relaciones Exteriores y párenle de contar. En estos tiempos de la comunicación instantánea y omnipresente, hay que sacar a toda la burocracia del país a diferentes locaciones en todo el territorio. A sitios que necesitan ser convertidos en núcleos de población y consecuentemente de desarrollo. Con la burocracia se irían también las escuelas, mercados, hospitales, cines, teatros, burdeles y otros servicios que necesitarán.

La capital del país volvería ser vivible, aunque pocos querrán quedarse en ella. Preferiremos visitarla para admirar sus bellezas que habitarla para sufrir sus penas. Los opositores de esta idea alegan que sería una experiencia costosa y agresiva.

Es mucho más agresiva y costosa una ciudad sobrepoblada, agobiada, histérica, agresiva, cruel y despiadada. En realidad, los que quieren quedarse es porque saben que en esta cultura nuestra del tlatoani, la cercanía física con el poder es garantía del acceso a él. Lejos del Presidente no hay futuro. Lo peor es que, si Andrés Manuel ganase la Presidencia, cosa que no deseo, tampoco va a cumplir esta promesa, la única que le ha salido buena.

LOS TUBOS es una divisón de Buró Blanco S.A. de C.V. Copyright © Monterrey, Nuevo León, México. Páginas web