La Carpeta:
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Cierto encuestador norteño quiere explicarme, sin pelos ni señales, que él sí le atinará a la elección presidencial. Me platicó sus cifras, pero no cómo llegó a ellas. Pobre: se olvida que se obliga a las casas encuestadoras a mostrar por adelantado su metodología. Mejor que entreguen sus bases de datos, muestreos y cálculos de resultados. No para evidenciar sus secretos de mago, sino para delatar sus trampas de charlatanes.
Eloy Garza
junio 5, 2018, 9:00 am

En Estados Unidos le dicen el adivino. Paul Krugman, Premio Nobel de Economía lo destapó como futuro Presidente. El New York Times lo contrató con sueldo de alto ejecutivo. Se llama Nate Silver, es de cuna humilde y ha sabido predecir con certeza matemática los resultados electorales en los últimos años, en los 50 Estados norteamericanos.

Sus predicciones no son casualidad. Las opera sin fallas ni defectos desde hace años y su método —nada del otro mundo— se lo han copiado otras empresas encuestadoras como Oraculus, en México, para el actual proceso electoral presidencial. ¿En qué consiste este método? Algo similar al “scoring” que utilizan los corredores de bienes raíces: se recolectan datos de diversas encuestas y se les da un valor, un peso relativo dependiendo de su fiabilidad. El secreto está en la diversidad de sus fuentes. Y en el algoritmo que utiliza para el resultado final. El instinto y la intuición no aplican en este caso.

En el fondo, las cifras de Nate Silver son un simulador electoral: día con día, con fría paciencia de relojero, Nate Silver añade datos comiciales y económicos a su método y analiza la frecuencia de los candidatos ganadores. Cada resultado obtenido lo convierte en un porcentaje. El grado de confianza de su medición es casi del cien por ciento.

Al igual que Oraculus (aunque en este caso la empresa mexicana es un fraude) Nate Silver se ganó críticas y burlas varias. Aquí en México, con toda razón. Allá en Estados Unidos sin motivo aparente. Lo digo porque la mayoría de los encuestólogos en México y Nuevo León son transas, comenzando por los cuchareos de Hora Cero. Son especuladores facciosos, tendenciosos y parciales. Si Nate Silver hubiera sumado dichos resultados “made in México”, se hubiese encontrado con un batidero de variaciones y discordancias; de opacidad y falta de rigor científico; de pleito de vecindad para posicionar a sus candidatos-clientes.

Cierto encuestador norteño quiere explicarme, sin pelos ni señales, que él sí le atinará a la elección presidencial. Me platicó sus cifras, pero no cómo llegó a ellas. Pobre: se olvida que se obliga a las casas encuestadoras a mostrar por adelantado su metodología. Mejor que entreguen sus bases de datos, muestreos y cálculos de resultados. No para evidenciar sus secretos de mago, sino para delatar sus trampas de charlatanes.