La Carpeta:
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Staff
agosto 18, 2016, 9:19 am

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Alfredo e Iván Archivaldo, de 30 y 35 años de edad, son los dos hijos más unidos al líder del cártel de Sinaloa, y son considerados herederos de una empresa criminal número uno en el mundo, con miles de empleados, presencia en 100 países y con más aviones que Aeromexico, que se hereda como unas escrituras pero se pelea como los perros el filete. Aunque se han beneficiado de una parte del negocio, no han heredado la discreción de su padre.

Nacido y crecido entre reyes del narcotráfico mundial como El Güero Palma, Alfredo es el más pequeño de los cuatro hijos que El Chapo tuvo con su primera mujer.

A sus 30 años es un veterano en el cártel, no sólo por el poder del apellido sino porque durante los últimos años de libertad de su padre, perseguido y acosado por el ejército mexicano y la DEA, él y su hermano Iván se encargaron de su seguridad personal. Ambos aparecen citados en la crónica del actor Sean Penn como los hombres encargados de recoger al actor y a Kate del Castillo y quienes los acompañan amigablemente en un vehículo hasta el escondite del capo.

Sin embargo son dignos representantes de una generación de traficantes conocidos como ‘narcojuniors’ por su imprudencia, ostentación y excesos. Un atrevimiento para la vieja guardia. Los jóvenes utilizaban las redes sociales para presumir de una vida de lujos al tiempo que lanzaban amenazas contra los carteles rivales. “Eran ostentosos, fanfarrones y muy poco discretos” dice el periodista José Reveles autor de una decena de libros sobre narcotráfico. Una página de Facebook que lleva su nombre, pero cuya veracidad no puedo ser comprobada por El País, muestra fotos de montañas de billetes, vehículos deportivos y armas bañadas en oro, informa El País.

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