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El modelo neoliberal no tiene como centro el Consenso, sino el mercantilismo, que a su vez requiere medios para moderar la dinámica del flujo de capitales al tomar en consideración la madurez del conjunto productivo de cualquier economía.
Carlos Chavarria
diciembre 8, 2018, 5:03 am

Con qué facilidad se usa la palabra “modelo” y se le adjudican virtudes y defectos a lo que no es sino un artefacto abstracto que trata de representar de manera aproximada la forma o conducta de la realidad en algún fenómeno de interés.

Cuando se dice que falló el modelo neoliberal se interpreta más como el deseo de cubrir la fallas en la implementación del modelo que en el modelo en sí mismo. El mal llamado modelo neoliberal no es sino una evolución del otro viejo modelo mercantilista pero corregidas algunas de las fallas de este último.

La economía y la economía política han hecho uso en especial de los modelos para representar de alguna forma cómo responderá la conducta social en relación a la toma de decisiones que hacemos los seres humanos sobre asuntos de costos y beneficios implicados en todas las transacciones que hacemos.

La economía no es una ciencia exacta, trata de explicar la manera en que ocurren todos los intercambios de esfuerzos de las personas en un conjunto social para proveer sus vidas de satisfactores de hoy y de mañana.

Las decisiones en materia económica están definidas primero por el capital inicial con el que cada uno se sienta a la mesa del juego económico, luego por la capacidad para asimilar o causar riesgos, y al final por la moralidad de cada uno y de todos.

La crisis del 2008, por ejemplo,  que aún afecta al mundo entero, no ocurrió porque el modelo de bursatilización de las hipotecas fallara, el desastre, que no del modelo, llegó porque banqueros sin escrúpulos metieron en los bonos, creados ex profeso para dinamizar el mercado hipotecario, propiedades sin valor  y sujetos de crédito sin capacidad real de pago.

El comunismo  nunca pudo consolidarse porque Carlos Marx nunca imaginó que aparecería Stalin que lo convirtió en una real monarquía burocrática que nunca cumplió con las premisas orginarias de su diseñador.

En todos los modelos económicos, los tomadores de decisiones, tanto los que lideran en el sector  público como el privado, el gran capital, introducen distorsiones por razones de aceptabilidad de riesgo y/o inmoralidad, las que nadie puede controlar, básicamente porque la soberanía de la información la manejan solo en las más altas esferas del poder.

En tanto ese poder de manipulación de los modelos económicos no sea sujeto de control o moderación de algún tipo no existe razón para asumir que lo que no funcionó en el pasado ahora tiene más probabilidades de éxito.

Al firmar el Consenso de Washington, México, como todos los países miembros de la ONU se adhirieron al modelo  que hoy gobierna la economía del mundo, cada uno con sus adaptaciones (distorsiones) particulares toleradas por los organismos como el FMI y Banco Mundial que lo diseñaron si es que deseaban acceder al capital internacional para financiar su desarrollo. Debe recordarse que ese acuerdo fue para tratar de evitar las crisis financieras recurrentes de los 80's y 90's del siglo XX.

No obstante los nobles propósitos del consenso, ni sus mismos creadores imaginaron el poder que le transfirieron a las grandes agencias de  arbitraje (especulación) que ahora se conocen como “los mercados” sin algún mecanismo alterno de control para evitar que el “libre flujo de capitales”, por cierto uno de los diez temas del Consenso, acabe incluso con la viabilidad económica de países enteros firmantes y que adoptan a fe ciega sus normas.

El modelo neoliberal no tiene como centro el Consenso, sino el mercantilismo, que a su vez requiere medios para moderar la dinámica del flujo de capitales al tomar en consideración la madurez del conjunto productivo de cualquier economía.