La Carpeta:
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Es imposible saber si México será en el 2024 un país más libre, con más oportunidades accesibles para todos, con menos corrupción, menos violento e inseguro, más abierto al mundo y a lo nuevo, con derroteros más previsibles, más inventivo, más solidario y humano.
Carlos Chavarria
septiembre 13, 2018, 11:33 am

Muy al margen del perverso cinismo del mercader Velasco y de todos aquellos que ahora vendieron sus posiciones partidistas a Morena revelando su inmoral carácter defraudador, es más preocupante el hecho de que siendo apenas una aglutinación sin ideología y arraigo, cómo hará el dueño de Morena para asegurarse de que el país no se le descomponga aún más de lo que ya está.

Ya se ve claro el perfil reivindicatorio de los integrantes de Morena, cada grupo viene por lo que considera suyo. El mismo fenómeno que destruyó al PRD, el de las “tribus”, está más vivo que nunca en la empresa de López Obrador.

Discretizar los propósitos de Morena a objetivos de grupos que son esencialmente aislados y con métodos de lucha no uniformes, los dejará con solo un mínimo atisbo de línea de pensamiento que no puede ser marco estratégico aglutinante.

La causa común de acabar con la corrupción, que de inicio ya se vició, habida cuenta de los dinosaurios que tuvo que revivir AMLO y las muchas  negociaciones político-económicas, cuyo contenido detallado se desconoce pero los resultados están a la vista, nunca formara una línea ideológica.

López Obrador esta tratando de reconstruir el Frente Democrático del que surgió el PRD, pero sin cometer los errores de Cuauthémoc Cárdenas al haber permitido la explosión del poder en ínsulas de grupos de izquierda de diferentes categorías y orígenes que no lograron trascender de la conspiración y el sospechosismo y convertirse en una agenda social que lo vinculara con la sociedad como algo necesario.

Reeditar algo que no funcionó, como fue el Frente Democrático, no puede llegar a nada si se hace manejando con el espejo retrovisor. Se puede reducir el gasto público, pero no el dispendio. Incluso se puede mejorar el costo-efectividad transaccional del gobierno pero no se rozará siquiera la columna vertebral de la corrupción, la regulación anquilosada en motivos y mecanismos.

Mientras la sociedad vaya en una dirección que es el resultado y consecuencia de la acción invertebrada de grupos de interés, y el gobierno y sus vertientes vayan en otra, siempre se caerá en el erróneo paradigma de marchar juntos pero golpeando separados, que ha sido la debacle de nuestro país siempre.

Para los enemigos internos y domésticos de nuestra estabilidad somos una presa bastante predecible, ya lo demostró Trump con el “nuevo” TLC y la descarnada “lucha contra las drogas” de Calderón, con el inmenso poder e independencia que les concedió a ciertos capos.

Si se revisa con cuidado el documento que sirvió a Morena para su campaña electoral, el Proyecto de Nación 2018-2024, se pueden apreciar múltiples proyectos e iniciativas pero sin definir qué tipo de nación tendremos y que tan diferente en 2024.

Nada de lo actuado hasta ahora por el presidente electo indica hacia dónde vamos. Se la ha pasado siendo consecuente con todos los grupos de interés, elogia y reconoce a todos y cuando lo desea “es dueño de su silencio” y nada opina o contesta, deja que otros se comprometan, él no.

Es imposible saber si México será en el 2024 un país más libre, con más oportunidades accesibles para todos, con menos corrupción, menos violento e inseguro, más abierto al mundo y a lo nuevo, con derroteros más previsibles, más inventivo, más solidario y humano.