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José Antonio Meade Kuribreña es un hombre bueno y talentoso. Le deseo éxito, pero le va a costar años y mucho trabajo alcanzarlo en su consultoría y, después, si se atreve, en su regreso a la política. Pero si trabaja sin descanso mejorará su vida en todos los aspectos.
Federico Arreola
julio 30, 2018, 9:29 am

“Ser un emprendedor es vivir unos años como otros no lo harán, para vivir el resto de sus vidas como otros no podrán”. Anónimo

“Un acaudalado ranchero mexicano compró en España un bravo toro miura y lo trajo a su hacienda para usarlo de semental. El mismo día en que llegó a su nueva casa, el toro, más que deseoso por el largo viaje, brincó una alambrada de púas para enamorar a una vaca. Pero, por el  jet lag le faltó fuerza y no pudo completar el salto. Quedó atrapado en las filosas espinas de metal. Para su peor desgracia, se le dañaron los huevos, “para siempre”, dijo el veterinario que lo atendió. El especialista recomendó el sacrificio del animal. Pero el poderoso ranchero, compadecido, se negó a enviar a tan valioso miura al rastro. Así, ordenó: “mejor déjenlo de asesor”. Sobraban en los corrales sementales menos diestros que iban a requerir de consultores experimentados”. Mal chiste

En efecto, ese es un mal chiste, y de pésimo gusto sobre todo si se usa para comentar lo que hoy dijo, en La Jornada, Enrique Galván Ochoa: “Regresó a México José Antonio Meade después de los días de descanso que pasó en Acapulco y luego en Nueva York. Sus planes inmediatos —según personas de su entorno— consisten en establecer un despacho privado de consultoría. No le faltará clientela. Cultivó muchos contactos en sus muchos años de servicio público. Todavía no hay nada concreto de la invitación que AMLO anunció para reunirse con él y Ricardo Anaya”.

No le va a resultar sencillo a Meade —ni a tantos sobradamente reconocidos funcionarios públicos priistas de alto nivel, muchos de ellos educados en el ITAM y en el extranjero— tener éxito en la consultoría, que es un negocio en gran medida dependiente de las relaciones que se tengan en el poder político. ¿Las tiene Meade? Con los colaboradores del nuevo gobierno, muy pocas relaciones tendrá. Y seguramente serán malas en general. El mundo de Meade ya no existe. El entorno en el que nació y creció como funcionario excepcional desapareció.

No será sencillo para los actuales integrantes del gobierno reinventarse como consultores. El problema para ellos es que se quedaron, todos, colgados de la cerca de púas y con los huevos irremediablemente dañados. Se lanzaron tras la vaquita amorosa llamada Presidencia de México y no les alcanzó.

Inclusive, los actuales consultores, que durante décadas han logrado grandes proyectos por los que han cobrado enormes sumas de dinero, van a ver complicada su situación. Dependen en su mayoría de las relaciones con el gobierno, pero el sistema con el que han trabajado tanto tiempo —desde Salinas de Gortari y aun desde De la Madrid—ya no existe.

Desde luego, será peor la situación de los actuales despachos de consultoría que la de Meade y los nuevos participantes en la industria. Los que apenas van a entrar al negocio podrán operar con estructuras de costos muy bajas, mientras que las empresas ya existentes operan con costos elevados, en no pocos casos con derroche, por lo que deberán realizar ajustes de costos, en sí mismos carísimos, que podrían dejarlos en la ruina muy rápidamente. Porque, al menos en los primeros años del gobierno de AMLO, no tendrán clientela ni del sector público, donde nadie les conocerá ni, tampoco, del sector privado, donde no serán útiles dado que no tienen relaciones con la nueva administración.

Hace bien Meade en quedarse en México a trabajar como cualquier mexicano. Los que se vayan al extranjero entre los actuales funcionarios no podrán evitar que sobre ellos caiga la sombra de la sospecha de que se enriquecieron indebidamente. Pero...

No le va a resultar sencillo a Meade triunfar en un negocio que conoce bien, pero desde fuera. Se le va a dificultar tener éxito porque nunca ha sido comerciante, porque operará en un ambiente político desconocido para él, porque no va a bastar para que se le contrate con exhibir su pasado de brillante funcionario público, porque emprender un negocio desde cero y sin contactos políticos lo que menos necesita es la capacidad técnica de su propietario: lo fundamental es la astucia y el duro trabajo 24 horas al día pensando más que en los proyectos intelectuales, en asuntos tan vulgares como conseguir financiamiento para pagar salarios y, especialmente, en transformarse en vendedor en un mundo en el que nadie va a demandar sus servicios ni en el que tampoco habrá amigos —no existen en la política para el derrotado— que le tiendan la mano.

Pero Meade es inteligente y, particularmente, es un hombre trabajador. Así que si no se desespera y entiende con realismo su situación, podrá navegar a pesar del muy fuerte viento en contra. Si logra su primer objetivo —consolidar su negocio— y dado que se quedará en México, poco a poco podrá volver a la política, la política complicada, la más dura, la muy fea política desde la oposición. Ya el viento en contra cederá y hasta cambiará. De él, y solo de él depende su futuro.

José Antonio Meade Kuribreña es un hombre bueno y talentoso. Le deseo éxito, pero le va a costar años y mucho trabajo alcanzarlo en su consultoría y, después, si se atreve, en su regreso a la política. Pero si trabaja sin descanso mejorará su vida en todos los aspectos.