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Mejor retorcer a Julio Scherer en su libro Estos años y, así, podemos decir de José Antonio: "Meade flota. Precandidato sin fuerza, no se sienten sus pasos ni se escuchan sus discursos. Va de un lado a otro y su palabra parece una serpentina sin fin".
Jose Jaime Ruiz
diciembre 20, 2017, 6:20 am

2018 no es 1994 ni José Antonio Meade es Luis Donaldo Colosio; tampoco Enrique Peña Nieto es Carlos Salinas de Gortari. La columna de hoy de Raymundo Riva Palacio en El Financiero establece algunos paralelismos. Mejor retorcer a Julio Scherer en su libro Estos años y, así, podemos decir de José Antonio: "Meade flota. Precandidato sin fuerza, no se sienten sus pasos ni se escuchan sus discursos. Va de un lado a otro y su palabra parece una serpentina sin fin".

La trayectoria los desune; los personajes, se alejan. Luis Donaldo fue siempre más "ciudadano" que José Antonio: adoraba las calles, no los escritorios. Y Miguel Ángel Osorio Chong no puede estar más alejado de Manuel Camacho: uno trabaja desde la oscuridad, desde la cerrazón; Camacho se enfrentaba abiertamente, lo suyo eran los reflectores. Por lo demás, Osorio no tiene un "Chiapas" para sobresalir. Y, sin embargo, Miguel Ángel tiene que dejar Gobernación.

Tiene razón Raymundo en su artículo: "Peña Nieto no está ajeno a lo que está sucediendo y podría considerar ajustes en el equipo estratégico. En todo caso, este es sólo uno de los problemas de la campaña. El otro es el propio Meade, al tener que contender como el candidato de la continuidad".

Luis Donaldo fue el candidato de la ruptura, allí renació aquel 6 de marzo. Meade nunca podría suscribir las palabras de Colosio y, si lo hiciera, sonarían huecas, nunca sinceras:

1.- "Hoy, ante el priísmo, ante los mexicanos, expreso mi compromiso de reformar el poder para democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo."

2.- "Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración de poder que da lugar a decisiones equivocadas, al monopolio de las iniciativas, a los abusos y a los excesos."

3.- "Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto –estrictamente– a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático."

4. "Veo un México con hambre y sed de justicia... un México agraviado... veo hombres y mujeres afligidos por abusos de las autoridades... veo la arrogancia de las oficinas de gobierno... veo a los ciudadanos angustiados por la falta de seguridad..."

José Antonio es, ante todo, el antiColosio. Y, por supuesto: 2018 no es 1994.