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De los tres candidatos, Andrés Manuel fue el que leyó mejor la postura de Donald y, por tanto, ya lo asumió como otro de sus temas electorales. Mensaje a Donald Trump: “AMLOve & Peace”.
Jose Jaime Ruiz
abril 5, 2018, 8:02 am

Las agresiones de Donald Trump en contra de México ya son tema de comicios. Los tres candidatos han respondido de diversa manera y diferente intensidad. La militarización de la frontera le costará mucho a la administración Trump, a menos que obtenga una partida para ello. El tema de los migrantes y de los dreamers es un tema recurrente, más político que económico, más chantaje para un TLCN al modo que desea Donald. Ya existen actos en contra de los migrantes en Estados Unidos, por eso tampoco hay que minimizar las acciones de Trump.

El factor Donald ya entró en las elecciones mexicanas. Entró desde que Luis Videgaray lo invitó a Los Pinos y Enrique Peña Nieto respaldó esa invitación. ¿Cómo leerán los ciudadanos la posición de cada uno de los candidatos? ¿Cómo se leerán esas agresiones de Trump? Escribió Octavio Paz: “El capitalismo exalta las actividades y conductas tradicionalmente llamadas viriles: agresividad, espíritu de competencia y emulación, combatividad. La sociedad norteamericana hizo suyos esos valores y los exaltó” (Tiempo nublado, pp. 149-150, editorial Planeta/Origen). Hoy Donald Trump no sólo los exalta, los sublima.

José Antonio Meade, tan institucional como el canciller Luis Videgaray y el presidente Enrique Peña Nieto, no tiene líneas discursivas personales, se sigue viendo más como un miembro del gabinete, exsecretario de Relaciones Exteriores, que como candidato. Por eso su discurso no impacta en relación al tema Trump.

“Debe exigirse que se nos trate como lo que somos: un país soberano, un país importante, un país con dignidad y un país que no va a tener ningún titubeo, ni ninguna duda en defender con absolutamente todos los instrumentos a su disposición, a la comunidad de migrantes que está allá”, expuso el excanciller. La pregunta es simple: ¿por qué no lo exige? Entre el “deber” y el “hacer” existe un abismo. Meade sólo prolonga las posiciones institucionales de Peña Nieto y Videgaray.

“Vamos a replantear la relación con Estados Unidos, va a ser una relación de respeto mutuo, porque siempre México necesita de Estados Unidos, pero Estados Unidos también necesita de México. La posición de México, será de firmeza y de dignidad, nunca más se volverá a poner de tapete frente al gobierno de Estados Unidos como ha ocurrido con este gobierno del PRI”, se exaltó Ricardo Anaya.

Faltó que Jorge Castañeda le diera una tarjeta o, si se la dio para su discurso, falló. Retórica rancia y retrógrada esa del “tapete”. Ricardo exalta un nacionalismo trasnochado, débil, femenino. “Ya nos pisotearon, no nos volverán a pisotear”, podría ser la conclusión sugerida. Trump nos está pisoteando y Ricardo sólo propone que eso ya no funcionará en el futuro, ¿qué hace él en el aquí y el ahora para que eso no suceda?

El nacionalismo discursivo de Andrés Manuel López Obrador va por otro lado: no las palabras, los hechos, la acción, el movimiento: “…no nos van a apantallar, el pueblo no va a ser piñata de ningún pueblo extranjero; si Trump llegara a desplegar militares en toda la frontera, en son de paz nosotros los mexicanos nos manifestaríamos a lo largo vestidos de blanco, una cadena humana de mexicanos por la paz”.

No sólo una cadena de mexicanos vestidos de blanco por la paz, también una cadena de norteamericanos (California estaría dispuesta a ello, no tanto Texas) por la paz. La militarización de la frontera convocaría a la actitud por la paz no sólo de mexicanos y norteamericanos, también a un movimiento internacional, incluyendo figuras públicas y del espectáculo, apoyando una posición de entendimiento, no de conflicto.

De los tres candidatos, Andrés Manuel fue el que leyó mejor la postura de Donald y, por tanto, ya lo asumió como otro de sus temas electorales. Mensaje a Donald Trump: “AMLOve & Peace”.