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El método es muy sencillo: un diputado federal, miembro de una comisión legislativa, destina por su soberana voluntad dinero público a determinado ayuntamiento. Ocurrió en la legislatura pasada y ocurrirá en la actual (ya se verá).
Eloy Garza
noviembre 6, 2018, 6:13 pm

El método es muy sencillo: un diputado federal, miembro de una comisión legislativa, destina por su soberana voluntad dinero público a determinado ayuntamiento. Ocurrió en la legislatura pasada y ocurrirá en la actual (ya se verá).

Los legisladores lo hacen sobre todo esperanzados en esa oportunidad de dinero extra que consiguen con el margen de ganancia entre la aprobación de la Ley de Ingresos y el ajuste del dinero que originalmente se consideró (posible aumento de la producción petrolera o cálculo del tipo de cambio peso-dólar, entre otras variables), creando bolsas adicionales de lana.

A ese margen de dinero fresco, se le conoce en los bajos fondos del Congreso como “la piñata”. Algunos diputados (no todos, seguramente) le pegan a la piñata para sacar buena colación, negociando esas bolsas con presidentes municipales cómplices suyo.

¿Qué negocian? Simple: acuerdan cuánto dinero le asignarán a ciertos municipios en específico. Pueden hacerlo porque ahora los diputados deciden por sus tanates cuánto se destinará a una obra pública o a una obra social en pesos y centavos. Etiquetan los recursos sin saber siquiera las necesidades reales de cada municipio del país, especialmente de las ciudades grandes como Guadalajara, Puebla o Monterrey.

Pero no lo hacen por buena gente. Antes de enviarles los recursos, los diputados federales transas negocian con el alcalde cuánto recibirán de moche por su gestión. Si le envían, por ejemplo, 11 millones de pesos, obligarán al alcalde a que bajita la mano les regrese un millón por la gestión realizada. Hay grabaciones secretas de esas transas en varios restaurantes de Polanco. Pronto saldrán a la luz pública.

Muchas legisladores aún más picudos incluso le imponen al alcalde una constructora propia (bien disfrazada con prestanombres) o de un socio que tenga el diputado en cuestión.

A veces ni siquiera tienen que enviarles los recursos federales al alcalde. Hay obras sociales que con la pantalla de una asociación civil, se quedan con más del 10 por ciento de la ganancia. O terminan quedándose con la obra social completa.

Ejemplos de este tipo de sinvergüenzas, sin escrúpulos, hubo muchos en la pasada legislatura federal. Y hay muchos en la actual, a pesar de que se amparen en la 4ª Transformación Nacional. Ya iremos denunciando en futuros artículos cada uno de estos transas que lo único que hacen es desviar recursos generados con nuestros impuestos.

A estos diputados federales ladrones donde están también varios nombres célebres del partido de Morena, lo único que les interesa es su beneficio personal. Hay que desenmascararlos pronto porque se supone que el país ya cambió. ¿O no habíamos quedado en eso?