La Carpeta:
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A veces, las cosas cambian para bien. Si el gobierno me castigara por mis escritos de Facebook, sueño con que me mande regañado a Tequisquiapan. Eso sí, con un buen queso embriago (sumergido cinco meses en cabernet) y una buena botella de vino tinto, para sufrir largo y tendido.
Eloy Garza
mayo 22, 2018, 9:29 am

Pues ni modo: me tocó ver el segundo debate en Tequisquiapan, Querétaro, tierra prometida de ese héroe de mil batallas (es una broma) llamado Ricardo Anaya.

Desde la cava de quesos Neolé diviso en el horizonte la imponente Peña de Bernal y pienso que por nada del mundo le cambiaría mi lugar a alguno de estos pobres candidatos presidenciales (ni siquiera al Bronco que se la está pasando a toda madre).

Para quienes gozan de las aguas termales en Tequisquiapan, de sus viñedos y de su ruta del vino, debo decirles que a mediados del siglo XIX fue uno de los peores lugares de México para viajar. No se consolaba uno ni comiendo guamiches, que es el fruto de la biznaga y es empalagosísimo.

Aunque se enojen mis cuates de Tequis, los invito a leer a don Guillermo Prieto y sus crónicas queretanas: en castigo por sus escritos subversivos, el gobierno lo mandó a estas tierras donde no había agua potable ni techo donde guarecerse.

A veces, las cosas cambian para bien. Si el gobierno me castigara por mis escritos de Facebook, sueño con que me mande regañado a Tequisquiapan. Eso sí, con un buen queso embriago (sumergido cinco meses en cabernet) y una buena botella de vino tinto, para sufrir largo y tendido.