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Los casos de El Norte-Reforma y de Milenio podrían ser paradigmáticos para estudiar la veracidad de las encuestas y la credibilidad de los medios que las formulan.
Jose Jaime Ruiz
junio 21, 2012, 8:30 am

Las encuestas ya son en México parte de la propaganda de las campañas electorales y no un instrumento científico de medición; en el mercado de la sondeocracia, las encuestas se venden al mejor postor. Las encuestas no sirven para medir, sirven para influir. En Monterrey tenemos dos ejemplos de cómo las encuestas son un error, al menos en su exposición.

Los casos de El Norte-Reforma y de Milenio podrían ser paradigmáticos para estudiar la veracidad de las encuestas y la credibilidad de los medios que las formulan. Por ello:

1)   No se trata de que exista una opinión pública que sea realmente del público.

2)   En Monterrey la opinión pública quiere ser sustituida por la opinión –el sondeo– publicada.

3)   Las encuestas representan los intereses de los medios de comunicación, no los intereses del público.

4)   El que responde se siente “forzado” a improvisar una respuesta.

5)   Las opiniones reflejadas en los sondeos suelen ser débiles, volátiles, inventadas, pero sobre todo reflectantes (tienden a coincidir con los que exponen los medios de comunicación).

LA VISIÓN DE SARTORI EN HOMO VIDENS:

6) Las opiniones son convicciones frágiles y variables. Si se convierten en convicciones profundas y fuertemente enraizadas, entonces debemos llamarlas creencias.

7) La democracia participativa no se caracteriza como un gobierno del saber sino como un gobierno de la opinión, que se fundamente en un público sentir de res publica.

8) Según Herstgaard: “Los sondeos de opinión reinan como soberanos. Quinientos americanos son continuamente interrogados para decirnos a nosotros, es decir, a los otros 250 millones de americanos lo que debemos de pensar”.

9) Los sondeos de opinión consisten en respuestas que se dan a preguntas (formuladas por el entrevistador). Y esta definición aclara de inmediato dos cosas: que las respuestas dependen ampliamente del modo en que se formulan las preguntas (y, por tanto, de quién las formula), y que, frecuentemente, el que responde se siente “forzado” a dar una respuesta improvisada en aquel momento. ¿Es eso lo que piensa la gente? Quien afirma esto no dice la verdad.

10) Las opiniones recogidas en los sondeos son por regla general débiles; y es raro que alguna vez se recojan opiniones profundas.

11) La mayoría de las opiniones recogidas son frágiles e inconsistentes.

12) Por otra parte, tenemos el problema de la fácil manipulación de los sondeos.

13) Quien se deja influenciar o asustar por los sondeos, el sondeo dirigido, a menudo se deja engañar en la falsedad y por la falsedad.

14) La sondeo-dependencia es la auscultación de una falsedad que nos hace caer en una trampa y nos engaña al mismo tiempo.

15) La sondeo-dependencia es nociva, las encuestas deberían de tener menos peso del que tienen y las credenciales democráticas (e incluso “objetivas”) del instrumento son espurias.

16) Casi todos se rinden ante el hecho supuestamente inevitable de los sondeos. A lo cual respondo que los sondeos nos asfixian porque los estudiosos no cumplen con su deber.

17) Los pollsters, los expertos en sondeos, se limitan a preguntar a su quindam, cualquiera que sea, “¿qué piensa sobre esto?” sin averiguar antes lo que sabe de eso, si es que sabe algo.

18) El pollster comercial no tiene ningún interés en verificar cuál es la consistencia o inconsistencia de las opiniones que recoge: si lo hiciera sería autodestructivo.

19) Los centros de investigación y las instituciones universitarias tendrían el estricto deber de colmar esa zona de oscuridad y confusión, verificando mediante el fact-finding polls (encuestas de determinación de hechos) y entrevistas en profundidad el estado y el grado de desconocimiento del gran público. Sin embargo, se callan como muertos.

La variación de El Norte en sus encuestas presidenciales es “explicada” oficialmente por Rodolfo Junco en su columna Fricasé atendiendo a la guerra sucia: “Que Peña haya subido cuatro puntos, Josefina un punto, y que López haya caído cuatro y Quadri uno, a nuestra forma de ver las cosas, sólo puede explicarse por el citado fenómeno.

“Resultó, a nuestro juicio, demoledora la campaña de temor cibernético que se armó contra el abanderado del PRD y que, entre otras cosas, lo ligaban a CHÁVEZ (el orate de Venezuela) y a líderes sindicales radicales.

“Quienes armaron esta ofensiva política, evidentemente, lograron sembrar temor (o cuando menos duda) en suficiente número de ciudadanos como para que dejaran de considerar a AMLO como opción, y esto explica su caída en exacta proporción al alza del puntero, Peña Nieto”.

A través de estos comentarios, los hermanos Junco (Alejandro y Rodolfo), no explican, justifican que su medio de comunicación haya dado un enorme bandazo entre los puntos de AMLO reflejados en su encuesta anterior y los puntos de despegue de Peña Nieto reflejados en su encuesta reciente.

Habría que buscar, en todo caso, la variable del “ajuste de cuentas”. ¿Hubo mano negra para que Alejandro distanciara a AMLO de Peña Nieto? ¿Hubo presiones empresariales y políticas? En una tesis por comprobar, es necesario estudiar hasta dónde bajó la comercialización de El Norte-Reforma después de dar a conocer la primera encuesta donde se mostraba a López Obrador en empate técnico con Peña Nieto.

Así que si hubo guerra sucia, eso no se reflejó en el levantamiento de la encuesta, sino en las presiones políticas, empresariales y comerciales que sufrieron los Junco para meterse al redil de las otras encuestas nacionales que dan el triunfo a Peña Nieto por dos  dígitos.

BURLAS VERAS

El caso de Pancho González y Milenio ha sido una broma de mal gusto que raya en el patetismo. Milenio tuvo que rectificar su espeluznante error de cálculo porque sus encuestas, al tratar de beneficiar a sus candidatos, en realidad los perjudicaban. Milenio no corrigió por cuestiones de credibilidad ya que en el mercado del lucro poco les importa que les crean o no, tuvo que rectificar porque dañaba a sus clientes (los que pagan las encuestas).

Hazmerreír de todos, Milenio sigue dado pie a la carcajada política. El caso de Monterrey es ilustrativo. En la encuesta anterior ponía a Felipe Enríquez en 56% y a Margarita Arellanes en 29% de las preferencias del electorado. En su encuesta de hoy, Milenio empata a los dos candidatos (42%) y en un lapso mínimo Margarita subió 13 puntos y Felipe Enríquez bajó 14 puntos. En Santa Catarina las cosas son inverosímiles ya que en la encuesta anterior Irma Adriana Garza tenía el 61% de las preferencias y bajó a 28%, mientras Víctor Pérez tenía el 47% y subió al 54%.

Pancho González debiera no sólo contratar a GEA/ISA para sus sondeos, sino también a Eugenio Derbez y su "Hans Pujenheimer" para que alguien los explique…