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El erotismo teresiano, que muchas veces es derivación de lo místico, lo recoge Minerva Margarita en sentido contrario: el erotismo puede ser una forma de misticismo: la poeta confecciona un vestido y se lo pone para desnudarse mejor.
Eloy Garza
enero 12, 2018, 5:26 am

La palabra milagro quiere decir “ver más allá”. Todo poema es, a su manera, un milagro: nos hace ver más allá. Los místicos veían mejor la realidad porque oteaban más lejos que nosotros. Detrás de lo visible hay miles de posibilidades de ver. Lo real es vivir apariencias. La mística, en cambio, es experimentar trascendencia.

Las maneras del agua es el libro de poemas con el que mi querida amiga Minerva Margarita Villarreal ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2016. México tiene una larga tradición de poetas religiosos, desde Sor Juana hasta Ramón López Velarde y nuestro Gabriel Zaid. En mi canon personal está un poeta de Jalisco ahora injustamente olvidado por la crítica literaria: el sacerdote Alfredo Plascencia; su ocasional y aparente blasfemia no es una transgresión: es otra forma de ver, una mirada singular sin parangón en la literatura mexicana. Cada uno de los poemas que conforman esta obra singular de Minerva Margarita (tutelada por Santa Teresa de Jesús), preservan y transgreden esta tradición.

La mirada de Santa Teresa va más allá para ver más adentro. Lo suyo era una introspección: testigo del asalto de Dios a su interior. El asceta busca a Dios. El místico, en cambio, lo recibe. El primero es un explorador. El segundo es un receptor. Hasta en los pucheros anda Dios. Y esa revelación teresiana explica la mundanidad de la visión lírica de Minerva Margarita.

Para vivir como místico hace falta ser preliminarmente mundano: vivir en el mundanal ruido para luego huir de él; dejar nuestra casa en paz. Orden y aseo exterior. Alma limpia para ser embargada por Dios, que todo lo llena y colma. "Salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada” dice San Juan de la Cruz. El Doctor Místico lo expresa en femenino porque no es él sino su alma quien habla.

Mundana, Santa Teresa conocía los vicios humanos. Las maneras del agua es recuento de las adicciones que someten al ser humano. Todo vicioso es esclavo de sí mismo, supone Santa Teresa en sus Fundaciones. Todo adicto es su propia víctima, advierte Minerva Margarita en varios de sus poemas.

El erotismo teresiano, que muchas veces es derivación de lo místico, lo recoge Minerva Margarita en sentido contrario: el erotismo puede ser una forma de misticismo: la poeta confecciona un vestido y se lo pone para desnudarse mejor.

Las maneras del agua está impregnado de divinidad, es decir, de una voz lírica que rompe la tela para el dulce encuentro, como pide San Juan de la Cruz, y poder ver más allá.

Los poemas de Minerva Margarita son salmos seculares. El lector los lee como el devoto reza. Así nace el milagro literario. Y queda toda ciencia trascendiendo.