La Carpeta:
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Cuando uno no sabe qué hacer, conviene sentarse a leer una buena novela. Los electores de Monterrey, últimamente tan ofendidos por los magistrados electorales, deberían dejar de desayunar machacado en el San Carlos, dejar de pasear en Fashion Drive, dejar de guarecerse de tantas balaceras en Sierra Ventana, y correr a leer una novela. No cualquier novela sino una en especial: Ensayo sobre la lucidez, del poco leído José Saramago.
Eloy Garza
noviembre 2, 2018, 9:16 am

Cuando uno no sabe qué hacer, conviene sentarse a leer una buena novela. Los electores de Monterrey, últimamente tan ofendidos por los magistrados electorales, deberían dejar de desayunar machacado en el San Carlos, dejar de pasear en Fashion Drive, dejar de guarecerse de tantas balaceras en Sierra Ventana, y correr a leer una novela. No cualquier novela sino una en especial: Ensayo sobre la lucidez, del poco leído José Saramago.

En esta novela, el fallecido Premio Nobel imaginó una fábula donde los ciudadanos de una ciudad sin nombre (pero podemos pensar que se llame Monterrey) estaban hasta la madre de las autoridades electorales. La gente ya no soportaba los abusos de los políticos ni de los magistrados. Tan hartos estaban los electores que 60% votó en blanco. Los sorprendidos políticos repitieron la elección y entonces 83% de los electores votaron en blanco. Una y otra vez la gente prefirió votar en blanco: una rebelión masiva de aquellos que no les gustaba lo que pasaba frente a sus ojos, que eran casi todos.

Los magistrados del Tribunal Electoral de Nuevo León, de la Sala Regional del Trife, y finalmente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, tienen hasta la madre a los regiomontanos. Así de plano. A lo largo de cuatro meses en litigio, dieron el triunfo electoral a un candidato a alcalde, se lo quitaron, se lo volvieron a dar y luego, ayer, anularon la elección. Sus resoluciones son como patadas de mula o golpes bajos a la democracia. Sus fallos, envueltos en trabalenguas verbales, terminología enredada y rollos inexpugnables, serían el hazmerreír general si no fueran tan deprimentes. ¿Qué pretenden los magistrados? Gobernar por encima de la gente y patear el establo de la democracia. Parecen no darse cuenta que perdieron ya toda credibilidad: no la recuperarán por muchos años. Algo parecido sucedió con el Poder Judicial de Brasil, y ahora ese pueblo baila samba a la orilla del precipicio.

Si el autor de este artículo no fuera una persona centrada y prudente, les diría a los regiomontanos que cuando se repita esta elección municipal, dentro de dos meses, voten en blanco, masivamente, para poner en su lugar a los magistrados autoritarios. Es decir, que sigan el ejemplo de la novela de José Saramago. Y sí, en efecto, como el autor de este artículo no es una persona prudente ni centrada, les insistiré a los regiomontanos que voten en blanco. Que se colapse de una buena vez el sistema electoral tan envilecido y se comience a mirar la luz al final del túnel. O que abran entre todos los electores de ese municipio un hueco por donde entre de nuevo el sol a la Sultana del Norte.