La Carpeta:
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De todo corazón espero que vote un importante número de ciudadanos para que el presidente López Obrador pueda tomar su decisión sobre el aeropuerto honestamente convencido de que hará lo que la mayoría de la gente quiera.
Federico Arreola
octubre 26, 2018, 9:53 am

Si la amenaza es un delito relativamente menor, la amenaza cumplida es un delito en toda la extensión de la palabra.

Todos los medios y un número indeterminado de usuarios de las redes sociales amenazamos antes de la consulta sobre el nuevo aeropuerto —sí, amenazamos— con exhibir las debilidades tanto de la metodología como de la organización misma del ejercicio democrático organizado por el equipo del presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

Especialmente, antes de la consulta, claramente con ganas de hacer daño, cuestionamos la eficacia de una aplicación que se desarrolló para evitar que algunas personas —poco cívicas, desde luego—votaran varias veces; inclusive hubo periodistas que en su cara le soltaron tal amenaza al vocero de Andrés Manuel, Jesús Ramírez. Al estilo mafia, de plano.

En efecto, falló la App; todos los medios de comunicación enviamos reporteros a las casillas con la única misión de hacer trampa. Lo misma meta se fijaron a sí mismos activistas del Twitter interesados en enlodar la imagen del gobierno electo que pretende la cuarta transformación de México.

Los tramposos tuvimos éxito: demostramos que cuando se quiere actuar mañosamente (por no decir mierderamente), somos capaces de generar tal cantidad de caca que no hay tecnología capaz de impedir sus efectos nocivos.

Estoy seguro de que la sociedad que está acudiendo a votar en las urnas de la consulta no sabe si la App funciona o no, y no tiene por qué saberlo: ninguna persona mínimamente decente o de principios intentará votar dos o más veces.

La gente no falló, claro que no. Fallamos los que participamos en los medios y nos hemos especializado en el sensacionalismo y también los miserables activistas, muchos de ellos anónimos, de las redes sociales.

Pero, ¿de qué nos ha servido exhibir que tenemos mucho talento para tergiversar las reglas, para caer en la más lamentable inmoralidad?

Lo único que hicimos fue ensuciar una consulta de buena fe, realizada con pocos recursos y con el sano propósito de conocer el sentir de la sociedad mexicana acerca de un tema fundamental para el desarrollo del país.

Es decir, demostramos medios y activistas que la ética a veces, tristemente, nos tiene absolutamente sin cuidado.

Pasarán al basurero del periodismo las amenazas que lanzamos a los organizadores de la consulta diciéndoles con absurda arrogancia que podíamos enlodarla.

Actuar como patanes es lo más sencillo del mundo y por lo visto, se nos da muy bien. Lo difícil, extremadamente complicado, es actuar con limpieza y de buena voluntad. No lo hicimos. No quisimos. Fallamos. Le fallamos al país.

De todo corazón espero que vote un importante número de ciudadanos para que el presidente López Obrador pueda tomar su decisión sobre el aeropuerto  honestamente convencido de que hará lo que la mayoría de la gente quiera.