La Carpeta:
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Medios comprometidos y de calidad para dar opciones de competitividad periodística. Hay otro elemento que hay que estudiar y que no está alejado de algunas posturas de Jesús Ramírez, quien se encargará de la comunicación en el próximo gobierno, me refiero al de la información devaluada.
Jose Jaime Ruiz
septiembre 28, 2018, 7:03 pm

¿Por qué duele tanto que la “publicidad oficial” disminuya y el chayote se acabe? En Nuevo León el gobernador constitucional Jaime Rodríguez Calderón cortó la publicidad gubernamental exagerada y los medios siguieron siendo críticos: sobrevivieron. Después de su desventura política por la Presidencia de la República quiso gobernar desde una autoridad desautorizada y no pudo. Al querer el aumento al transporte urbano se topó con pared: ni sociedad ni medios lo legitimaron. Tuvo que recurrir a la radiodifusión, no sólo a las redes sociales, para convencer y persuadir.

Sostengo que la transparencia en una democracia debe ser total (salvo en temas de seguridad), incluyendo a las empresas y su relación con el poder público. No se trata sólo de ver el tiraje de las prensas o el rating televisivo, radiofónico o digital, se trata de ver los contratos con los gobiernos y la calidad informativa. Si los gobiernos, estatales, federal, congresos, judicial, invierten en empresas con propaganda y publicidad, deberían transparentarlo. También las empresas periodísticas en sus contratos con entidades públicas, al menos.

Por otro lado, ¿a quién le duele el fin del chayote?

Obviedad, a quienes están acostumbrados a recibirlo. ¿A quién le duele que le quiten propaganda? La pregunta casi es retórica. Los medios de comunicación piden transparencia y rendición de cuentas a las entidades públicas. En el dar está el pedir. ¿Por qué ningún medio transparenta y rinde cuentas de sus finanzas en relación con sus contratos gubernamentales?

Tiene razón Raymundo Riva Palacio en su artículo de hoy publicado en El Financiero: “la discrecionalidad del uso de recursos públicos para fines de propaganda”. Discrecionalidad que se convierte en opacidad que se convierte en falta de rendición de cuentas que se convierte en un círculo vicioso, extremadamente vicioso: “no pago para que me pegues, pero pago para que me alabes”. En la era digital esa lógica perniciosa ya no existe.

Medios comprometidos y de calidad para dar opciones de competitividad periodística. Hay otro elemento que hay que estudiar y que no está alejado de algunas posturas de Jesús Ramírez, quien se encargará de la comunicación en el próximo gobierno, me refiero al de la información devaluada. Jenaro Villamil en su libro El poder del rating (Plaza & Janés, 2001, p. 33), prolonga las reflexiones de Ignacio Ramonet sobre la degradación informativa:

“Ahora la televisión y la Internet rivalizan por el tiempo, la atención y el interés comercial del ciudadano-consumidor, del público internauta. Y en ambos casos la fórmula más fácil ha sido degradando la información”.

Todo gobierno tiene la responsabilidad social de comunicar, muy diferente a pagar propaganda. Los medios y los periodistas tienen la responsabilidad social de ofrecer información sin degradarla, sin devaluarla. Ante todo la transparencia en contratos y el fin del chayote.

Termino citando a Ramonet: “Una de las grandes enfermedades de la información actual es la confusión que existe entre el universo de la comunicación y las relaciones públicas y el de la información. Una pregunta pertinente es: ¿en qué se ha convertido la especificidad del periodista en este nuevo contexto de la comunicación? Esta pregunta es pertinente porque vivimos en una sociedad en la que todo el mundo quiere comunicar algo y, en concreto, todas las instituciones producen información. La comunicación, en este sentido, es un discurso adulador emitido por una institución que espera que ese discurso le reporte algún beneficio.

“Esta comunicación acaba por asfixiar al periodista. Todas las instituciones políticas, los partidos, los sindicatos, las alcaldías, etc., producen comunicación, tienen sus propios periódicos, sus boletines, etc. Las instituciones culturales, económicas o industriales producen información. Muy a menudo, entregan esta información a los periodistas y les piden que se limiten a reproducirla. Evidentemente, la petición no se presenta como una orden, pero la forma puede ser muy seductora”.