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Hoy los panistas que tienen el poder –como el senador Raúl Gracia, quien pacta más con los priístas que con los panistas– han destrozado la libertad de las jaurías y han domesticado a sus seguidores que, por un trozo de pan cotidiano de posición política o de nómina, ladran y mueven la cola al menor silbido, al menor chasquido.
Jose Jaime Ruiz
febrero 19, 2015, 6:58 am
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En la nueva versión de la serie de divulgación científica Cosmos (Cosmos: A Spacetime Odyssey; la anterior fue presentada por Carl Sagan: Cosmos: A Personal Voyage), el astrofísico Neil deGrasse Tyson, en uno de los episodios de la temporada, presenta la evolución de las especies a partir del ejemplo de los osos y los perros: la evolución natural y la evolución inducida por el ser humano.

En el caso de los osos pardos, una singularidad genética hace que nazcan osos blancos que, en la tundra y sobre la nieve, tienen mayor capacidad de adaptarse, de mimetizarse al ambiente y, por tanto, mayor capacidad no sólo de sobrevivir, sino de prevalecer. El Polo Norte da cuenta de ello, la evolución de los osos blancos desplazó a los osos pardos a los bosques, donde tuvieron mayor capacidad de sobrevivir.

La evolución inducida por el ser humano, en el caso de los perros, es consecuencia de un pacto del hombre con los lobos: la domesticación. El lobo ya no tiene que cazar –y enfrentarse a su peor enemigo– sino que los humanos lo guarecen de la intemperie y de los peligros que ella conlleva; a cambio de comida cotidiana, el lobo se convierte en perro guardián y enfrenta ahora a sus ancestrales manadas salvaguardando la propiedad humana. En consecuencia, el lobo se convierte en perro y la evolución inducida por el hombre inventa la variedad de razas que conocemos hasta ahora.

En la evolución política de los partidos, el PAN también ha tenido su dosis de selección natural y transformación gradual e inducida. La genealogía política del PAN se resquebrajó cuando el partido aceptó con gusto pertenecer al sistema político mexicano ya no como resistencia sino como renuncia. Los panistas abandonaron su lucha y enarbolaron las banderas priístas de la corrupción y la impunidad: se volvieron más priístas que los priístas. Esta “evolución” fue natural, tuvieron que mimetizarse no sólo para sobrevivir sino también para predominar. Y lo hicieron durante doce largos años donde demostraron su capacidad de asumir la corrupción y la impunidad, la opacidad y la rendición de cuentas ausente.

Hoy los panistas que tienen el poder –como el senador Raúl Gracia, quien pacta más con los priístas que con los panistas– han destrozado la libertad de las jaurías y han domesticado a sus seguidores que, por un trozo de pan cotidiano de posición política o de nómina, ladran y mueven la cola al menor silbido, al menor chasquido. En Nuevo León, este es el PAN en el 2015.