La Carpeta:
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Las relaciones humanas, sea entre individuos o colectividades, siempre son transacciones comerciales. Me das y te doy.
FELIX CORTES CAMARILLO
diciembre 3, 2018, 7:21 am

Que nos vaya quedando claro: para Andrés Manuel López Obrador no hay olvido, pero sí hay perdón.

Con su antecesor, Peña Nieto, sentado a unos metros y evidentemente incómodo, el Presidente declaró que recibía un país en quiebra. Acusó al neoliberalismo de tal desastre. Claramente se brincó algunos lustros en la historia y viajó a los años setenta, elogiando la encomiable economía del desarrollo sustentable que diseñó e implementó Antonio Ortiz Mena —quien, por cierto, era abogado, no economista—, atribuyendo a los últimos tres sexenios la quiebra de nuestro país, cosa que no es del todo cierta. Las reservas internacionales hoy no son bajas y la deuda pública no está disparada. Seamos justos.

Lo que Andrés Manuel le quedó a deber al pueblo de Huitzilopochtli es el sacrificio en la piedra que estaba detrás de lo que hoy es la Catedral Metropolitana de México. No habrá ni quema de brujas ni colgados en los caminos de México. Extrañamente, los mexicanos hubieran visto con placer el enjuiciamiento de Salinas, Fox, Calderón o quien fuera, por el simple placer de que fueran castigados. Afortunadamente, López Obrador comienza una etapa histórica con ese perdón, pero no olvido, que los mexicanos debiéramos adoptar. Creo que los mexicanos no olvidaremos 1968 en México —ni en Praga— y es bueno que no lo hagamos. Pero, para acudir a la referencia histórica, ¿hay que tomar venganza en contra de Brezhnev o Echeverría o Díaz Ordaz?

Un buen amigo mío me enseñó la primera premisa del razonamiento judío ante cualquier disyuntiva. Me dijo: antes de tomar una decisión, pregúntate siempre ¿qué ganas?

Desde luego que la conducta cívica no debe ser mercantil, pero la política, que según nos enseñaron la inventaron los griegos, acaba siéndolo. En realidad, si algo he aprendido en mi vida es que las relaciones humanas, sea entre individuos o colectividades, siempre son transacciones comerciales. Me das y te doy.

Cuando dejas de darme, te dejo de dar. Y eso es válido para las relaciones de pareja, de padres a hijos y al revés, entre amigos y amantes, de barrio a individuo, de país a persona.

López Obrador, como todos los políticos, nos ha prometido a los mexicanos mucho. Como todos, muchos imposibles. Los mexicanos, en su mayoría —yo no—, le dieron los votos que lo llevaron al poder que ya ejerce. Ahora, los mexicanos tenemos que esperar, y en su caso exigir, que cumpla con esa ley de mercado: te di y me das. Cuando dejas de darme, te dejo de dar.

El compromiso, que pronto se va a olvidar, es que dentro de tres años podríamos ir los votantes a un plebiscito que ratifique a López Obrador en el mando o lo releve de éste. Con esa afición demostrada de López Obrador por los plebiscitos manipulados, ya no me quedan esperanzas.

Afortunadamente, y espero que no se le olvide, en su primer discurso oficial, Andrés Manuel dijo que no buscará la reelección dentro de seis años.